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El Mirador Redondo ¿DE QUÉ ESTÁN HECHOS LOS VERDADEROS LÍDERES?, por Carlos M. Montenegro

Líderes
Se es líder cuando un grupo, grande o pequeño está dispuesto a confiar la autoridad a una persona que ha demostrado capacidad, sabiduría y competencia para dirigirlos bien.

La política como profesión no está pasando por su mejor momento en el sentir de la gente. Algo ha sucedido en el último medio siglo, pues hoy en día lo que los políticos inspiran en la ciudadanía es una profunda desconfianza, en el mejor de los casos, porque lo habitual es que se les tenga por malversadores, demagogos, embusteros, corruptos y todo un rosario de lindezas más o menos redundantes.

En épocas anteriores, y con las salvedades del caso, ser político de oficio y ejercerlo era una profesión respetada y elogiada. Cierto es también que, en la historia, política y polémica siempre han ido del brazo; abundan ‘opinadores’ de oficio y hasta célebres pensadores que aseguran que la política es el arte de la mentira y el engaño. Puede que tengan una parte de razón, y aquí es donde comienza la polémica.

Pero entonces ¿por qué hay política y —si es tan denostada— por qué tanto interés en ser parte de ella? La respuesta tal vez sea que a pesar de todas las contradicciones que forma, la política es necesaria para que las sociedades puedan entenderse y convivir en paz. Si miramos alrededor, cada país tiene gobiernos que raramente se salvan de ser cuestionados y valorados poco y mal por sus pueblos.

Un aserto de político puede ser que es una persona que aspira al poder, como medio para la consecución de fines elevados para mejorar a la sociedad; también podría ser desearlo para usar las prerrogativas y gozar del sentimiento de prestigio que confiere el hecho de ejercerlo. Bajo el amplio arco que forman esas dos opciones tan contrapuestas, ha cabido y cabe la historia de la humanidad completa y cómo hacer para gobernarla. Eso significa que los seres humanos desde sus orígenes ha tratado con altibajos, eso sí, de organizar las cosas para no terminar comiéndose los unos a los otros, y podría afirmarse —con todas las reservas del caso— que la humanidad ha mejorado bastante, aunque para qué negarlo, ha tomado su tiempo.

Pero ¿cómo se ha podido alcanzar ese avance? ¿Quiénes son los que día a día se han dado a la tarea de preservar a la humanidad del previsible desastre? No parece que hayan sido solamente políticos los encargados de semejante hazaña, siendo aparentemente tan poco de fiar. Como preguntando se va a Roma, practicando el proverbio averiguo que siempre ha existido una clase de gente muy especial en cualquier asunto o profesión; en este caso me referiré únicamente al ámbito de la política, de cómo regir a las sociedades, países o naciones, o sea a los líderes. Querer saber al dedillo cómo es el asunto de los líderes políticos es como poco meterse en camisas de once varas.

Lo primero que salta a la vista es que ya desde el homo sapiens ha habido líderes y de muchas clases, que simplificando vienen a ser dos grandes grupos: Los lideres malos y los Verdaderos Lideres, con mayúsculas. De los primeros hay infinitas variantes, que no pienso enumerar, pues en Venezuela sabemos de sobra de qué se trata, más que por haberlos estudiado, por haberlos sufrido desde que esta República nació, hace dos siglos, hasta nuestros días, que es en carne propia.

Nuestros Verdaderos Líderes ya son otra cosa. Ciertamente han sido pocos, pero de gran nivel, y por eso ocupan lugares prominentes en la historia moderna. No necesitan ser nombrados, ya están bastante manoseados, los verdaderos líderes no deben crear seguidores fanáticos, deberían formar más líderes. Lo que interesa realmente es saber cómo podremos conseguir unos cuantos líderes que estén a punto para lo que se le avecina a esta tierra tan mal gobernada.

Desde la época llamada democrática en los años sesenta del siglo XX, hasta hoy mismo, casi seis décadas, excepto los dos o tres gobiernos iniciales, cada nuevo mandatario y sus partidos reivindicaron a los anteriores en sus desatinados resultados. No fueron pocos, hemos visto pasar 11 jefes de Estado nada menos, y  obviando a Larrazabal, Sanabria o Cabello, por interinos y fortuitos más el impostor Carmona.

Todos manejaron masas de dinero muy superiores a las que se necesitaron para levantar de los escombros a diez grandes naciones destruidas por la II Guerra en tres continentes y, en menos de veinte años, los mismos que llevamos en esta tierra destruyéndola con prisa y sin pausa y, que se sepa, sin estar en guerra con nadie. Qué bien vendría un Diógenes con su lámpara encendida todo el día en busca de un líder.

Hurgando acuciosamente en el catálogo de posibles líderes criollos que sean capaces de sacar las castañas del fuego a esta República, no resplandece ninguno lo suficiente. Lo malo conocido no interesa ni siquiera a cambio de lo peor por conocer. Todos los que han dilapidado este país repleto de ríos y bosques, que  habla el mismo idioma, profesa la misma religión, cohabitando sin problemas con las otras; en el que no se plantaba ni fabricaban drogas, con recursos naturales —lo diré solo una vez— incalculables, sin mayores problemas raciales… más una larga lista de bonanzas. Con gente capaz de todo esto, cómo extrañarnos de que tengamos, por ejemplo, un nivel de educación tan inferior y  fácil de embaucar…

Salvo sorpresas de última hora, está por llegar aún al líder necesario. Espero me disculpen los candidatos a líderes que hay en plaza, les puedo conferir, no sin esfuerzo, voluntad y tesón, pero ese duende del líder que estamos necesitando por aquí, aún no se vislumbra.

Reconozco ser un iluso cuando estoy pensando en unos políticos que después de la II Guerra se fajaron y levantaron de los escombros  diligentemente a sus países, como fueron y solo en Europa: Konrad Adenauer, Jean Monnet, Robert Schuman, Alcide de Gasperi, Paul-Henri Spaak, Winston Churchill, Altiero Spinelli, Ludwig Erhard y Willy Brandt que dialogando entre ellos y juntando ideas formaron varios ‘clubs’: el de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), la Comunidad Europea de la Energía Atómica (Euratom) y la Comunidad Económica Europea (CEE), luego las barajaron y se sacaron de la manga la actual Unión Europea (UE) que todos conocemos, con euros incluidos, a pesar de que no tenían petróleo, ni coltán, ni diamantes, ni oro, ni hierro, bauxita o manganeso, y carbón, poco.

Se podrá decir: “así, con esos nombres, cualquiera” pero espero que entiendan que, como siempre, desde muchachos hemos oído decir a los políticos lo de “en Venezuela somos los mejores y merecemos lo mejor”, pues ¿por qué apuntar más bajo?

Sin embargo, no crean, esos líderes ciertamente forjados con honradez, talento, pacifismo y amor por la humanidad, que demostraron con hechos fehacientes, también eran como nosotros gente corriente con errores incluidos. Muchos de ellos también se equivocaron y, admitiendo su culpa, dimitieron dignamente de sus altos cargos.

Ahora díganme sinceramente: del panorama político de esta tierra y con lo que está cayendo ¿ven ustedes a algún político criollo (o criolla) que haya dimitido por errar o piense hacerlo si yerra?

Pues eso.

©Carlos M. Montenegro

carlosmmontenegro22@gmail.com

*Publicado originalmente en talcualdigital.com.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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