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El malquerido LA VIDA COMO BOLERO, por Luis Bond

El malquerido 3
‘El malquerido’ será una parada obligada para todos los padres y abuelos que tenemos en casa y, al mismo tiempo, para los jóvenes seguidores de la carrera de Chino.

Felipe Pirela es uno de esos personajes de nuestra historia nacional que desde hace tiempo merecía una película. De orígenes humildes y con un talento innato para cantar, a muy corta edad se transformó en una estrella. Obnubilado por una carrera llena de romances, excesos y malas decisiones, su vida tuvo un fin trágico con apenas 31 años. Una historia sumamente interesante que llega al cine de la mano de Diego Rísquez bajo el título de El malquerido, una adaptación de la biografía Felipe Pirela, su vida, del periodista zuliano Eduardo Fernández. Un biopic que se perfila desde ya como el mayor éxito en la carrera de Rísquez gracias a su protagonista, Jesús ‘Chino’ Miranda, quien encarna al bolerista de América.

El malquerido comienza con una entrevista televisiva que le hacen a Felipe Pirela en Puerto Rico. Usando las preguntas del entrevistador como hilo conductor, el cantante comienza a pasearse por sus orígenes humildes en Maracaibo, sus primeros éxitos y todas las complicaciones que trajo a su carrera su vida personal. A través de varios flashbacks conocemos el profundo amor que sentía por su madre Lucía (Sheila Monterola), su relación con el maestro Billo (Héctor Manrique), su salto como solista de la mano de José Paiva (Iván Tamayo) y su primer amor, la joven Mariela Montiel (Greisy Mena) con quien vivió una relación intensa y que le ganó una terrible enemiga: su suegra Aminta (Mariaca Semprún) que utilizó decenas de artimañas para destruirlo.

Lo primero que salta a la vista de El malquerido (al igual que todos los largometrajes de Rísquez) es la dirección de arte. La época que vivió el cantante está recreada con gran detalle en la pantalla, dándole a la película un look único y transformándola en una golosina visual —de las mejores que he visto en los últimos años y que nada tiene que envidiarle a cualquier producción extranjera. La dirección de fotografía (a cargo de Cézary Jaworsky) trabaja toda la historia con muy baja saturación, una decisión que ayuda a darle un aire retro a la película, pero que le resta vida a los colores del arte de Rísquez y Fabiola Fernández. Por otro lado, el montaje de Leonardo Henríquez brilla en el ensamble de muchas escenas —sobre todo en las musicales, a mitad de camino entre historia y videoclip—, pero se torna episódico y poco orgánico en el andamiaje del largometraje al valerse de escenas muy cortas como elipsis y no poder recrear el paso del tiempo dentro de la historia.

Un guion lleno de música y ritmo

Con respecto al guión, El malquerido arranca lento, de forma expositiva, pero conforme avanza la trama la historia va agarrando ritmo. Parte de esto se debe a la capacidad de ir mezclando interpretaciones musicales con el desarrollo de la narración, transformando el film en un biopic lleno de música al estilo Ray o Walk The Line —salvando las distancias, claro está. En este ir y venir de recuerdos el relato cumple con su cometido, le da al espectador en una hora y media una buena pasada por la vida de Felipe Pirela. Probablemente, su principal defecto radica en la dosificación de los conflictos, algo que suele aquejar a todas las películas de Rísquez: hay escenas donde no sucede nada y otras donde pasan muchas cosas, pero ambos momentos están separados en la historia, haciendo que el conflicto se diluya lentamente entre una cosa y otra. Deficiencia que se disimula gracias a la puesta en escena de Rísquez y las interpretaciones musicales de Chino que siempre mantienen la película a flote.

El cast hace un buen trabajo, casi todas las caracterizaciones son gratas, salvo cuando los actores comienzan a imitar acentos que no le son propios (y ni hablar de los cameos innecesarios). Chino hace un debut digno en la gran pantalla, en parte porque la mayor porción de su caracterización recae en cantar y porque su personaje nunca llega a tener un registro dramático muy fuerte. Lastimosamente, el guion no ahonda el barranco emocional que sufrió Pirela en sus últimos años de vida, dejando apenas un par de escenas para dar una pincelada de sus adicciones y vicios. Una nota oscura en la que Rísquez no se sumerge y que, probablemente, hubiese transformado la última media hora de El malquerido en esos minutos finales desgarradores de Reverón, decisión que se traduciría en un enorme reto a nivel actoral para Chino (posiblemente jugando en su contra).

Uniendo tres generaciones

El malquerido cierra bastante bien este 2015, un año flojo para la ficción venezolana. Se le aplaude a Rísquez el riesgo de hacer un biopic de una figura tan querida por todos como Felipe Pirela y de apostar por un cantante para hacer el papel de otro cantante (de hecho, me atrevo a decir que fue la elección más acertada del largometraje, más allá del parecido físico entre ambos). Por otro lado, usar a Chino tiene un doble beneficio como estrategia de mercadeo: El malquerido será una parada obligada para todos los padres y abuelos que tenemos en casa y, al mismo tiempo, para los jóvenes seguidores de la carrera de Chino. Una manera inteligente de unir a dos (o tres) generaciones en la sala de cine y hacer que se encuentre con el bolero, algo que, sin lugar a dudas, no tiene precio. Este es el gran logro de Rísquez y El malquerido, un hecho nunca antes registrado en la historia de nuestro cine y que solo por ello ya se merece todas las ovaciones del público y la bendición de Pirela desde lo alto del firmamento.

Lo mejor: la dirección de arte (escenografía, utilería, vestuario, peinado y maquillaje), cada plano está lleno de detalles de la época y colores vibrantes. Toda la selección de boleros que interpreta Chino. Las actuaciones de todo el reparto (con sus altos y bajos) funcionan bastante bien.Trailer de la Película El malquerido con ‘Chino’ Miranda (2015)
MalqueridoFilm

Lo malo: Las irregularidades en el ritmo del guión: arranca lento y aunque después fluye le faltó ‘veneno’. Los acentos forzados de varios actores. Algunos efectos especiales (como el avión y la escena onírica). El trailer la vende muy mal y da demasiada información de la historia.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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