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El malquerido EL BOLERO Y LA MODERNIDAD, por Pablo Gamba

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A El malquerido, sin embargo, le basta y sobra para sostenerse con la música del viejo ídolo, insuflada de vigor por una estrella de la actualidad.

La biopic de Felipe Pirela El malquerido (2015) representa un giro en la obra de uno de los realizadores más importantes del cine venezolano: Diego Rísquez. Los temas de sus películas habían sido básicamente los mismos desde sus inicios en la vanguardia del Súper 8, cuando llegó a la Quincena de los Realizadores del Festival de Cannes con sus tres primeros largometrajes: Bolívar, sinfonía tropikal (1981), Orinoko, nuevo mundo (1984) y Amérika, terra incógnita (1988). El suyo era un cine sobre la época precolombina, la Conquista y la Independencia, inspirado en las iconografías respectivas, y sobre la figura y la obra del artista venezolano Armando Reverón. Ahora se ocupa del bolero, a través de la vida de una estrella de la canción, y también de la arquitectura moderna, la iconografía de la música popular y la televisión.

Continúa, sin embargo, el interés del cineasta por la recuperación de las expresiones artísticas del pasado. En sus tres anteriores películas añadió el drama sobre las figuras de la historia y del arte, lo que permitió que encontraran un público más amplio en el país. Lo mismo ocurre en El malquerido, pero lo más importante es que el acercamiento a la figura de Pirela es parte de un rescate que trasciende al personaje y comprende toda una época. La sensibilidad de Rísquez es capaz de captar las insospechadas correspondencias que puede haber entre el bolero, una paleta de color y las formas características de la arquitectura moderna. Lo que distingue a la película es la singular belleza que logra descubrir en esa amalgama musical, cromática, geométrica y sentimental, haciendo una casi completa abstracción del contexto histórico: la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, la poco menos represiva democracia, el desarrollismo.

Los ríos de sangre de la lucha de clases no tienen cabida en esta manera de reapropiarse del pasado, que es continuación en eso de los cuadros vivos y el teatro alegórico de los primeros filmes de Diego Rísquez. De allí que la contradicción esencial de su más reciente obra esté dada entre la persistencia de esa búsqueda, que lo distingue como autor, y las concesiones al gusto popular por la representación de la historia como drama. Reverón (2011) es el filme que más se aproxima a una síntesis bien lograda de ambas cosas, y es por eso su mejor obra de la etapa que comenzó con Manuela Sáenz (2000).

El problema es que en El malquerido no está logrado el drama de ascenso y caída que el público espera encontrar en la biopic de una estrella de la canción popular, más allá del relato de los hechos de su vida. Sobre todo porque es reiterada la comparación de esa vida con un bolero. Eso requería imaginar los conflictos interiores del artista, confrontado con lo que le sucede, pero ni siquiera ocurre cuando el Felipe Pirela de la película se enamora de una niña de 13 años de edad y decide casarse con ella. Es un amor que no puede ser tan fácil de asumir. Si bien la actuación del cantante Jesús ‘Chino’ Miranda se destaca por su sobriedad, no logra compensar con sus aportes las carencias del guión, lo cual contrasta con la manera personal como interpreta la música de Pirela.

También hay una recuperación problemática en la película, y es la de la televisión, tematizada por la presencia en cámara del aparato y el tópico de la entrevista como recurso para relatar la vida del artista en flashbacks. Esa licencia justificaría la manera como actúa Mariaca Semprún, por ejemplo, pero no deja de desentonar en un filme en el que hay una aspiración a la belleza.

A El malquerido, sin embargo, le basta y sobra para sostenerse con la música del viejo ídolo, insuflada de vigor por una estrella de la actualidad. En ese sentido abre la obra de Rísquez a otro tipo de encuentro con el público, que ya no es el de los temas de la historia y de la plástica hechos accesibles por el drama. Además, es quizás la película en la que ha cristalizado más su idea del cineasta como pintor, aprovechando las posibilidades de la imagen digital.

EL MALQUERIDO, Venezuela, 2015. Dirección: Diego Rísquez. Guión: Robert Andrés Gómez, Emiliano Faría y Diego Rísquez, basado en el libro Felipe Pirela, su vida de Eduardo Fernández. Producción: Pedro Mezquita. Fotografía: Cezary Jaworski. Montaje: Leonardo Henríquez. Sonido: Mario Nazoa. Producción musical: Alejandro Blanco Uribe. Dirección de arte: Fabiola Fernández y Diego Rísquez. Elenco: Jesús ‘Chino’ Miranda, Greisy Mena, Iván Tamayo, Sheila Monterola, Mariaca Semprún, Natalia Román, Carlos Cruz, Sócrates Serrano, Samantha Castillo, Héctor Manrique. Distribución: Cines Unidos.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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