provigil and addiction provigil resistance difference between modalert and provigil provigil fake provigil for central sleep apnea
Inicio / Destacado / El legado de Jack Goody CRÍTICO DE LA EXCEPCIONALIDAD DE OCCIDENTE, por Pedro León Vega Rodríguez

El legado de Jack Goody CRÍTICO DE LA EXCEPCIONALIDAD DE OCCIDENTE, por Pedro León Vega Rodríguez

Jack Goody
Goody ha merecido el reconocimiento de prestigiosos antropólogos e historiadores y, en particular, de economistas como Amartya Sen, Premio Nobel de Economía en 1998, quien recomienda su obra como un excelente correctivo de la visión deformada que se tiene de las diferencias entre Oriente y Occidente.

El pasado 16 de julio murió Jack Goody, el  antropólogo social británico, africanista y  estudioso de muy diversas culturas. De manera extraña, su muerte no fue registrada en los medios de comunicación latinoamericanos, especialmente los culturales. Resulta de mucho  interés para la comunidad intelectual mundial el legado académico y ético de Goody. El ensayista colombiano Pedro León Vega Rodríguez ha escrito este perfil sobre Goody de forma especial para Ideas de Babel.

Jack Goody (1919-2015), uno de los grandes antropólogos e historiadores contemporáneos, falleció el pasado 16 de Julio en Inglaterra a la edad de 96 años. Resulta pertinente, con ocasión de su muerte, la exaltación de la obra de este investigador inglés de enorme prestigio internacional. Se le reconoce por su radical crítica al etnocentrismo y a la supuesta excepcionalidad y originalidad de Occidente en torno al gran debate sobre el origen del capitalismo, la modernidad y la modernización, además de sus reveladoras e interdisciplinarias contribuciones en el espectro amplio de las ciencias sociales: historia, antropología, sociología y filosofía. Jack Goody ha merecido el reconocimiento de prestigiosos antropólogos e historiadores del ámbito internacional y, en particular, de economistas como Amartya Sen, Premio Nobel de Economía en 1998, quien recomienda su obra como un excelente correctivo de la visión deformada que se tiene de las diferencias entre Oriente y Occidente. Su enfoque constituye una necesaria reinterpretación del origen y evolución de las sociedades contemporáneas, asimiladas en Occidente casi exclusivamente desde la posición dominante del pensamiento europeo.

Jack Goody era profesor emérito del St. Jonh’s College de la Universidad de Cambridge y se distinguió por tener un conocimiento profundo de la historia económica y social de la India, China y África, que utilizó al aplicar el método de la historia comparada en el desarrollo de sus investigaciones. Para visualizar su importancia puede decirse que Goody hace parte de una generación del siglo XX de brillantes estudiosos de la cultura o las mentalidades, que se distinguen por su tendencia a la reinterpretación en distintos sentidos de la historia Antigua y su influencia en el mundo moderno, desde donde plantean grandes debates y polemizan, no sin antes iluminar el panorama científico con novedosas perspectivas de análisis, como ocurre con el austriaco crítico de la economía ortodoxa Karl Polanyi (1886-1964), el filósofo de la historia en el mundo anglosajón Robin George Collingwood (1889-1943), el judío-alemán estudioso del proceso civilizador del renacimiento, Norbert Elías (1897-1990), el revolucionario de la historiografía francesa, de la escuela de los Annales, que estudia el origen del capitalismo, Fernand Braudel (1902-1988), el gran helenista y experto en la economía de la Antigüedad, Moses I. Finley (1912-1986), el historiador preeminente de la Ciencia y la Tecnología chinas, el orientalista Joseph Needham (1900-1995), y el propio Jack Goody (1919-2015), autor, entre otros libros, de El robo de la historia (2006), Capitalismo y modernidad (2005), El islam en Europa (2004), Este y Oeste (1996), Evolución de la  familia y el matrimonio en Europa (1983), La domesticación del pensamiento salvaje (1977) y La lógica de la escritura y la organización de la sociedad (1986).

Goody plantea su análisis en líneas gruesas siguiendo en el muy largo plazo el progreso material y el desarrollo social y cultural mundial, desde la Edad de Bronce hasta los orígenes del capitalismo contemporáneo y la Revolución Industrial, para construir un marco explicativo que permita una reflexión mucho más general sobre los mecanismos del progreso y la civilización. En ese propósito rechaza la costumbre de separar la esfera del conocimiento científico y tecnológico como algo aislado de la vida social, porque estima que los progresos no son exclusivamente técnicos, sino que involucran también cambios intelectuales y cognitivos haciendo parte de procesos sociales permanentes alrededor del desarrollo urbano, la escritura, el arte, la religión, la tecnología, los cuales terminan por demandar una visión amplia, antropológica, de la civilización.

En Capitalismo y modernidad (2005), Goddy señala que la tendencia a explicar la modernidad como el fruto de pretendidas singularidades occidentales, como el individualismo, la racionalidad y la estructura familiar, no sólo es cerrada en torno a la preeminencia de occidente sino que ha obstaculizado el conocimiento de Oriente, porque en relación con la modernidad, tales manifestaciones se presentaron primero en India y en China. Se cree, por ejemplo, que la democracia nació en Atenas, pero si bien apareció allí una forma particular de democracia, primero existió en Cartago, en la India y en China.

Goody cuestiona también que Occidente tuviera una especial predisposición para el desarrollo del capitalismo y de la modernización, y que los europeos descubrieran el capitalismo y la modernidad porque son seres únicos, aunque es más acertado pensar que han desconocido otras versiones históricas. El capitalismo, explica, fue producto de la siembra del algodón y de la explotación de la seda en la India y en China antes que en Inglaterra, lo que significa que Marx y Weber tienen sus tesis erradas porque centran su origen en Europa. Además, afirma que Asia siempre fue parte de la escena global, en tanto China fue la mayor potencia exportadora del siglo XVIII y que el capitalismo mercantil era igual o mayor en Oriente que en Occidente durante los siglos XIV, XV y XVI. Además, Asia estuvo siempre más adelantada que Occidente en el Arte y en la Ciencia. Expone Goody que diversos autores han mostrado de forma clara que hasta el siglo XV China estaba mucho más adelantada que Europa en varias áreas: en la economía agrícola, en la manufactura, en el comercio de exportación y en los sistemas de conocimiento.

En El robo de la historia (2006) Goody desarrolla una crítica de la pretendida superioridad de Occidente sobre Oriente y estima que esta consideración es sólo una ilusión sustentada en un modo distorsionado de ver la historia, un ‘robo’ histórico, porque la democracia, el capitalismo y las libertades no son precisamente invenciones de occidente. Se trata en realidad de un engaño fruto del etnocentrismo, que justifica la dominación de otros pueblos y  conduce a los europeos a escribir la historia únicamente a partir de su punto de vista, donde se mitifica Occidente al tiempo que se desestiman los aportes en algunos casos superiores de otras culturas, especialmente de Asia y  Oriente próximo, la cuna de la civilización. Una trampa de interpretación en la que incurren incluso autores clásicos como Karl Marx, Max Weber, Nobert Elias, y Fernand Braudel, siendo el principal equívoco de estos autores insistir en la distinción entre sociedades tradicionales y sociedades modernas, que endosa una visión occidental y contemporánea de la modernidad.

Goody expone una gran diversidad de referentes históricos para validar sus afirmaciones. Señala, verbigracia, que el historiador griego Polibio (205-123 a.C.), testigo presencial de la destrucción de Cartago (con el estatus de ciudad de bárbaros) por el general romano Escipión, escribió“En Cartago la voz del pueblo dominaba las deliberaciones en la época en que en Roma el senado ostentaba más poder que nunca. Para los cartagineses era la voz de la mayoría la que prevalecía; para los romanos la de la élite de la ciudadanía”. (Polibio citado por Goody, 2006/2011: 62). Demuestra así que en Cartago, una civilización altamente desarrollada, durante mucho tiempo más rica y próspera que Roma, su rival y predecesora, se practicaba un modelo de democracia representativa mediante la asamblea popular y, sin embargo, muchos investigadores la han excluido de la categoría de la Antigüedad de forma muy similar a las sociedades de Oriente Próximo, a pesar de haber sido coetánea y contrapunto primero de Grecia y luego de Roma a partir del siglo V a.C., cuando se unieron los emporios diseminados. Según Goody, no sólo menospreciaron la contribución de Fenicia al alfabeto (750 años antes que Grecia), sino que también relegaron a Cartago, un imperio mercantil marítimo de considerables dimensiones en el mediterráneo occidental.

La conclusión de Goody es que los argumentos de los especialistas no sustentan la idea de que Europa es diferente y especial, no responden al cómo y por qué Europa y el Mediterráneo divergen del conjunto de sociedades posteriores a la edad de bronce hasta el punto de ser considerados un tipo de sociedad y un modo de producción más avanzado. Analizando los factores que pudieran ser fundamentales al impulso de la civilización, queda claro para él que si bien el uso del hierro, un metal más barato que el cobre y el estaño y de disponibilidad universal, tuvo importantes consecuencias en el desarrollo de la sociedad griega, su impacto fue el mismo en todas las sociedades de la región; y que el resto de los avances de la época, en particular en ingeniería hidráulica y en desarrollo agrícola, fueron en gran medida continuación de los que le precedieron. Incluso la pretendida singularidad de la ciencia (lógica) griega, está completamente refutada en la obra enciclopédica de Joseph Needham Science and Civilization in China (1954-1998), que revela la calidad y el pasado científico de China.

Así Goody termina por hacer suyo el enfoque expuesto por el historiador inglés Martín Bernal (1937-2013) en su controvertida obra Atenea negra (1987), donde se demanda un “modelo antiguo revisado”, crítico del modelo ario, que plantea el origen de Grecia como exclusivamente indoeorupeo (en el modelo antiguo se admite la influencia egipcia y fenicia en la historia griega), con el fin de que se reconozcan las influencias semíticas y afroasiáticas provenientes de las costas orientales del Mediterráneo en su contribución a la civilización griega, que se acepten los aportes de las historias antiguas de la civilización egipcia y fenicia de Grecia, que se admita que Grecia experimentó la influencia de los contactos a través del Mediterráneo oriental, con el consecuente influjo sobre su lenguaje, su alfabeto y, en un plano más general, su cultura, en sintonía con lo sugerido por el propio Herodoto.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

Te interesa

John Bolton

Bitácora Internacional ‘EMBARGO’ Y LOS MOMENTOS FINALES, por Alfredo Michelena

Las recientes sanciones impuestas por la administración Trump al régimen venezolano son las más duras …

Deja un comentario