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El hijo de Gengis Khan EDNODIO QUINTERO SE DESDOBLA, por Edilio Peña

Ednodio Quintero
‘El Hijo de Gengis Khan’ ha sido traducida en bilingüe español-francés, publicada por las Presses universitaires de Lyon (PUL).

Un narrador de ficciones necesita encontrar a otro narrador, dentro de sí, para poder contar su historia secreta. No es suficiente que la cuente él, porque si no la historia no será excepcional, no será fruto de sus verdaderas pulsiones creativas. “La historia es una pesadilla de la que quiero despertarme”, apuntó James Joyce.

Se hace necesaria la otra conciencia narrativa que emerge, y otea mucho más allá del horizonte, siendo la que finalmente aproxima lo fantástico de la ficción a la vigilia del lector. Así, ese hijo del narrador que acecha, supera a su padre con el delta de sus ramificaciones narrativas, y en ese proceso sinuoso y sorpresivo lo transforma y olvida. Aunque el narrador fundacional regresa —por entre las inflexiones de la narración misma— para acompañar siempre en su tarea a ese vástago predilecto que narra desde los espejos. Lo curioso es que esa conciencia narrativa, liberada de la tutela patriarcal, quiera tomar las riendas definitivas de los acontecimientos que no estaban en el plan que prefiguró el narrador inicial. Plan éste por donde inesperadamente se introduce el azar, o el río caudaloso del alma. Y justamente para eso está el narrador inventado: para conducir los destinos  hacia otros territorios o dimensiones inimaginables, que terminan por convertir la obra narrativa en  un planeta con órbita  propia.

Ednodio Quintero encarna ese legado estratégico del desdoblamiento narrativo; ilusionista de vastos y frondosos universos que deslumbran y encantan al lector. En sus narraciones, Ednodio privilegia paradojas, elipses y la sustancia del tiempo en un ahora irrenunciable, al dotar a sus personajes —casi siempre solitarios— con un dejo de despreocupación existencial que conmueve, en parte de aventuras que terminan por rendir aquellas previsibles por la costumbre y la realidad. A diferencia de Franz Kafka, motivado por el laberinto y la empresa imposible que lo agobió, Ednodio Quintero vuelca su prosa hacia la aguja del ensimismamiento, en un retorno infinito que libera al tormento de las prisiones, con el vigor y la magia de una ilusión prodigiosa; esa que prospera con los espejismos. Entonces, sus narraciones prometen la esperanza, aunque paradójicamente, ésta se aleja mientras el jinete de su cabalgadura, aproxima su paso al cruce de los caminos. Las narraciones de Ednodio Quintero fundan la intriga en una historia principal, donde los personajes protagónicos, y a veces mucho más los personajes secundarios, desde las historias paralelas, la rebasan para dotarla de un poder inagotable, hechizante. Quizá porque el misterio de la aventura esencial, no está en la magna historia, sino más bien, en lo que ocultan los soportes de su armazón. Progresivamente, el lector es advertido de esta estrategia al convertirlo también en parte de la narrativa. El narrador es el personaje, el personaje es el lector. Así Ednodio Quintero edifica el cuerpo de su obra literaria, consagrada en su particular y celebrada poética narrativa.

Esta vez, Ednodio Quintero ha elegido al hijo de Gengis Khan, para que sea éste el narrador de novela (recién traducida al francés por Philippe Dessommes, en una primera edición bilingüe español-francés, por la Presses universitaires de Lyon (PUL. Francia). Lo novedoso y fascinante de esta elección, lo constituye el otro narrador a quien el novelista le ha dado las riendas, ése que no ha nacido ni nacerá. Porque se quedará en el cofre sagrado de su madre (la historia), para contar desde la no existencia, con sus poderes excepcionales que escapan al común de los mortales, la historia jamás contada. En ese umbral que separa la vida y la muerte, la realidad y la ficción. Al principio esa subyugante expectativa simula ofrecer una historia acontecida, aquella que protagonizó el temible Gengis Khan, guerrero y conquistador mongol. Pero después, es más que la épica saqueada por historiadores y la cinematografía, más que la leyenda que encendieron las praderas orientales con el galope de sus caballos. El narrador, desde el vientre materno, es el gran observador que supera a la memoria y al intérprete, es quien se dispone abarcar la totalidad del tiempo y el espacio, en su tejer incesante, hondo. Un  genio obstinado de lo imposible. Cuando ese narrador superlativo intenta asomarse a la realidad, un espejo refleja su poderosa omnisciencia. Esa que lo lleva a recorrer los predios de otros personajes singulares, pero también familiares y cercanos, hasta para el propio lector de la modernidad y la posmodernidad. Así se inicia la aventura de ese narrador  de la novela de Ednodio Quintero, para regresar de vuelta al cofre sagrado, como un jinete transformado por los siglos de  la ausencia.

El Hijo de Gengis Khan, la novela de Ednodio Quintero, como he dicho ha sido traducida en bilingüe español-francés, publicada por las Presses universitaires de Lyon (PUL). La magnífica traducción es de Philippe Dessommes. La novela lleva un excelente prólogo de Luis Moreno Villamediana. Ahora, el lector  la puede encontrar en las librerías de Francia.

Con este artículo, hemos querido celebrar, tan notable acontecimiento para el autor y la literatura venezolana.

edilio2@yahoo.com

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Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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