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El ciudadano ilustre PUEBLO PEQUEÑO, INFIERNO GRANDE, por Alfonso Molina

El ciudadano ilustre
Con un implacable humor negro, Cohn y Deprat hilvanan una historia que subraya los aspectos más grotescos de la naturaleza humana, los mismos que convierten la realidad en algo patético.

El éxito, a veces, es un pecado y el reconocimiento, a menudo, se convierte en condena. Algunos lo llaman el precio de la fama, pero en realidad se trata de una patología extremadamente reveladora de la naturaleza humana. Este es el concepto principal de El ciudadano ilustre, nuevo film de Gastón Duprat y Mariano Cohn, los realizadores de aquella desconcertante comedia negra El hombre de al lado (2009) que expuso una psicopatía urbana sumergida en las aguas del absurdo.

Esta obra es, sin duda, la más importante del Festival de Cine Argentino que corre en Caracas hasta el 20 de julio, con una seleción de títulos también destacables, como la biográfica El papa Francisco (2015) de Beda Docampo Feijóo, la coproducción argentino-venezolana Maracaibo de Miguel Ángel Rocca, y el drama negro Kóblic (2016), de Sebastián Borensztein. El film de Duprat y Cohn ha ganado el Goya de la Academia española como film iberoamericano y una media docena de premios más.

El ciudadano ilustre al que alude el título del film se llama Daniel Mantovani, maduro escritor argentino de renombre que vive en Barcelona. Un narrador solitario de temperamento rebelde, no muy optimista con respecto al mundo que vivimos, a quien le informan que acaba de ganar el Nobel de Literatura. Desde ese momento comienza a recibir las invitaciones más diversas de todo el mundo, que rechaza sin pensar. No le gusta la fama. Pero entre las invitaciones una le llama la atención: la de las autoridades de Salas, su pequeño pueblo natal, que lo quieren homenajear. Aunque dice que lo único que ha hecho en su vida ha sido escapar de ese miserable pueblo, Mantovani cree que esa es la oportunidad de superar un bloqueo creativo y decide aceptar. Aquí comienza el infierno para un creador exitoso.

A partir de ese punto, el film se estructura en cinco capítulos, que describen las desventuras de Mantovani en Salas, recibido con la máxima distinción del pueblo y los homenajes del alcalde peronista, los bomberos, la reina de belleza, la televisión local, la Sociedad de Fomento y otras ‘fuerzas vivas’ del pueblo. No pasa mucho antes de que algunas de esas fuerzas se rebelen contra la celebridad.

Con un implacable humor negro, Cohn y Deprat hilvanan una historia que subraya los aspectos más grotescos de la naturaleza humana, los mismos que convierten la realidad en algo patético. En este caso hacen una disección quirúrgica del abominable espíritu de la envidia provinciana de los latinoamericanos. No sabemos respetar el éxito ajeno, y menos cuando alguien evidencia —con sus triunfos— la dimensión de nuestros fracasos y —algo peor— nuestras propias mediocridades. Si no es fácil alcanzar el éxito, los recelos y la envidia comienzan a ejercer su influencia para hacero aún más difícil. Y, además, evidencian la intolerancia. Mantovani no es un tipo simpático pero es honesto, no quiere ser una estrella. Los directores juegan a la contraposición entre un hombre atormentado por sus propias creaciones o por un período de sequía literaria, por un lado, y las vidas mediocres de quienes no pudieron —o no quisieron— oponerse a los convencionalismos ni a los miedos íntimos o las ambiciones frustradas, por el otro.

Las labores del elenco son superlativas, tanto del excelente Oscar Martínez —mejor actor en el Festival de Venecia— que da vida a Mantovani, como las de Dady Brieva, Andrea Frigerio y Manuel Vicente, todos en sintonía con el tono del film marcado por la ironía y el desencanto.

Es una obra que divierte con su humor pero que también preocupa con su visión pesimista de la vida. La dupla de Cohn y Duprat trabaja a conciencia de las limitaciones y las bajezas de los seres humanos, aunque a ratos brinda momentos de esperanza. Bueno, la vida es así.

EL CIUDADANO ILUSTRE, Argentina y España, 2016. Dirección y fotografía: Mariano Cohn y Gastón Duprat.  Guion: Andrés Duprat. Producción: Fernando Sokolowicz, Victoria Aizenstat, Eduardo Escudero. Música: Toni M. Mir.  Montaje Jerónimo Carranza. Elenco: Oscar Martínez, Dady Brieva, Andrea Frigerio, Nora Navas, Manuel Vicente, entre otros.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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