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El cine venezolano EVITANDO LOS OBSTÁCULOS, por César Noguera Guijarro

Cine venezolano en Toulouse
A la altura de las motivaciones y la pasión de las personas que trabajan en ella, la cinematografía venezolana avanza con optimismo.

El cine es un reflejo de la sociedad que lo alberga y para comprender mejor los temas, las dificultades y las opciones narrativas y estéticas del cine venezolano, debemos conocer su historia y la opinión de quienes trabajan allí.

Nacida en 1897, la producción cinematográfica venezolana tuvo un arranque bastante irregular hasta la llegada de ciertas políticas públicas favorables, que permitieron que pudiera desarrollarse progresivamente. Dependiente del Estado, una gran parte de esta industria siempre ha estado ligada a la ideología política de turno.

Gracias a la prosperidad económica de los años setenta una nueva ola de cine que criticaba la corrupción policial y las desigualdades sociales experimentó un éxito artístico y comercial significativo durante algunas décadas. “Era el momento perfecto para construir puentes con las industrias de distribución extranjeras, pero los asuntos internos iban tan bien que nadie lo hizo”, explica el realizador y crítico venezolano Edgar Rocca, en entrevista telefónica.

Incluso si el cine venezolano ha ganado importantes premios a lo largo de los años, como la Cámara de Oro de Cannes (Oriana), la Concha de Oro de San Sebastián (Pelo Malo), el Goya a Mejor Película Iberoamericana (Azul y no tan rosa) y el León de Oro de Venecia (Desde allá), hoy en día las realidades socio-económicas del país imponen muchas dificultades. Según Rocca “la crisis tiene un impacto terrible en la cantidad de producciones anuales, los presupuestos con los que se tiene que trabajar, la variedad de contenido y nuestra vida diaria también”.

Noticias del cine venezolano

Actualmente, de cara a la crisis, algunos jóvenes venezolanos luchan por salir a flote con películas profesionales, mientras evaden al mismo tiempo la censura y la falta de financiamiento. Cineastas como Gustavo Rondón, Rober Calzadilla, Karin Valecillos y Rubén Sierra, en sinergia con sus casas productoras, contribuyen a mostrar la realidad de su país con historias audaces e interesantes.

Lejos de ser los únicos venezolanos que producen películas hoy en día, este grupo ha desarrollado, a través de El Amparo, La Familia y Jazmines en Lídice, una estética que les ha permitido hacerse notar en una industria donde el número de producciones sigue siendo modesto comparado con otros países en América Latina.

Cine venezolano en Toulouse 1
Marianela Illas y Ruben Sierra, acompañados de su intérprete, en el Festival Cinélatino.

En el marco de un intercambio sobre las realidades de la creación cinematográfica venezolana actual, el Festival Cinélatino de Toulouse organizó un encuentro en el cual la experimentada productora Marianela Illas explicó que “hubo un momento en el cual la crisis era tan grave que la gente dejó de producir. No se hizo nada. Hasta que se entendió que si la situación no cambiaba, éramos nosotros quienes debíamos cambiar. Y allí cada uno empezó a grabar lo que se estaba viviendo, desde su punto de vista”.

Un futuro optimista

A la altura de las motivaciones y la pasión de las personas que trabajan en ella, la cinematografía venezolana avanza con optimismo. De hecho, “gracias a la crisis, hay máas solidaridad entre los cineastas”, señaló en el encuentro el director y productor Rubén Sierra, quien también explicó que muchos hacen cine venezolano incluso desde el extranjero, y que varios cineastas han desarrollado relaciones para ayudarse mutuamente a mejorar las historias, puesto que existe una tendencia a hacer denuncias demasiado obvias y directas, lo cual debilita la obra cinematográfica en sí.

“Nuestro cine no debe salir del país solo a festivales, sino también a los mercados de países vecinos”, dice Rocca. Según él, la clave para hacer una película en Venezuela es tener en primer lugar una buena historia. Y luego, tener un plan comercial detallado para vender la idea a los inversores. Siguiendo este camino, se están produciendo nuevas películas que critican los problemas actuales, como Gilma, que destaca la escasez del sector salud, y Hondo, que aborda las dificultades sufridas en áreas rurales. De la misma manera, el futuro se esclarece con proyectos como Infieles, de Edgar Rocca, que intenta a través del humor dar un segundo aliento a los venezolanos que tanto lo merecen.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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