provigil best dose provigil cheap online lupus and provigil can you get high from provigil provigil flying
Inicio / CINE Y TV / El Amparo LA MASACRE Y LA JUSTICIA, por Alfonso Molina

El Amparo LA MASACRE Y LA JUSTICIA, por Alfonso Molina

El Amparo 2
‘El Amparo’ dimensiona muy bien los miedos y las contradicciones que surgen en un proceso kafkiano que desafía la justicia en territorio olvidado.

La mayor de las varias virtudes de El Amparo —que desde el año pasado ha cosechado varios premios en festivales internacionales antes de estrenarse en su mercado natural— reside en la honestidad y el equilibrio con que reconstruye la masacre que hace casi 30 años conmovió a Venezuela, así como sus consecuencias en las vidas de un puñado de seres humanos desamparados —precisamente— por el poder. Su director Rober Calzadilla y su escritora Karin Valecillos proponen volver la mirada hacia un hecho vergonzoso que chapotea en las aguas del olvido.

Esta coproducción venezolana-colombiana narra no sólo la acción militar que por error se ejecutó en 1988 contra 16 pobladores de la comunidad de El Amparo, en la frontera apureña con Colombia, al confundirlos con guerrilleros colombianos, sino —sobre todo— el proceso manipulador que desplegaron el Ejército y las autoridades de este lado de la frontera para ocultar el error y procesar a Chumba y Pinilla, sobrevivientes de la matanza.

El film establece dos espacios dramáticos: la operación criminal que sega la vida de catorce pescadores —solo dos sobrevivieron— en el marco de una población desatendida por el Estado venezolano y la acción judicial que pretende evadir la justicia y culpar a inocentes sin contar con la solidaridad y la conciencia de los mismos pobladores que defienden a Chumba y Pinilla.

En la segunda línea narrativa se haya la mayor complejidad. Rememora la médula dramática de Fuenteovejuna al presentar el enfrentamiento entre los ciudadanos de un pueblo olvidado por los centros de poder y las autoridades nacionales de esos mismos centros de poder. Se trata del viejo e imprescindible tema de la justicia en medio de la  inequidad social de un país que había perdido el rumbo. El caso real de El Amparo resume las contradicciones de una sociedad profundamente desigual, pero donde todavía perduraba el deseo de ser justos y había herramientas para alcanzar esa justicia.

Pero Calzadilla no se apoya en una perspectiva maniquea sino en el rico y heterogéneo registro de las emociones y actitudes de los seres humanos involucrados. No solo de ambos sobrevivientes sino de esposas, vecinos, amigos, funcionarios militares, emisarios políticos, medios de comunicación y, en especial, del capitán Mendieta, al frente de la comisaría policial del lugar, como defensor de los hombres que aguardan en su celda al negarse a entregarlos a las autoridades. Mendieta es un raro caso —en el cine venezolano y en el latinoamericano— que presenta la figura del funcionario policial como un representante de la ley y no como un oportunista de la desgracia ajena. De hecho, este personaje y la acción de los medios de comunicación constituyen los factores que alteran el curso de una trama que conducía al engaño y la impunidad.

El Amparo dimensiona muy bien los miedos y las contradicciones que surgen en un proceso kafkiano que desafía la justicia en territorio olvidado. Tanto el realizador como la escritora lo hacen poco a poco, detalle a detalle, diálogo a diálogo, con unos personajes sustentados en la fragilidad de la ley ante el mundo militar y el ámbito político. Porque se trata de una película política, en el mejor sentido del término.

Destacan la cuidada fotografía de Michell Rivas, la edición precisa de Gustavo Rondón Córdova y Mariana Rodríguez y la muy expresiva música de Andrés Level, como factores creadores que supieron articularse con la propuesta estética del film. Y el trabajo actoral es fundamental: convincente, preciso, muy profesional por parte de un grupo de intérpretes —Giovanny García, Vicente Quintero, Samantha Castillo, Rossana Hernández, Vicente Peña, entre otros— que sacan poco a poco las intimidades de sus personajes.

Se puede afirmar que muchas veces la justicia es esquiva y caprichosa pero en algunos casos llega a buen puerto por la presión social, aunque luego sea abandonada por la memoria de un país pendiente de otros dramas y otras miserias. Es es el gran aporte de El Amparo: rescatar de un pasado no tan remoto un caso que pudo haber sucedido en cualquier país latinoamericano pero que la historia ubica en Venezuela. Un film redondo, sin fisuras y altamente recomendable.

EL AMPARO, Venezuela y Colombia, 2016. Direción: Rober Calzadilla. Guion: Karin Valecillos. Fotografía: Michell Rivas. Edición: Gustavo Rondón Córdova y Mariana Rodríguez. Música: Andrés Level. Elenco: Giovanny García, Vicente Quintero, Samantha Castillo, Rossana Hernández, Vicente Peña, entre otros. Distribución: Cines Unidos.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

Te interesa

Expuesto Sergio Roitberg

La llave maestra DESCUBRIR ES LA CLAVE, por Alicia Freilich

Descubrir es la clave en todo sistema y régimen. Desde la investigación periodística y la …

Deja un comentario