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Dos espías en Caracas LA NOVELA DE LA TRAGEDIA CHAVISTA, por Alfonso Molina

Chávez y Fidel 1
A partir de la relación padre-hijo, Naím desmonta la dependencia mutua de los gobiernos de La Habana y Caracas.

La historia tiene sus personajes públicos y sus protagonistas velados. Unos y otros actúan en la realidad y forjan el rumbo de los capítulos que marcan la vida de millones de personas. Esta relación ha nutrido el desarrollo de la literatura a través de anécdotas de ficción que revelan la esencia de los procesos sociales y políticos.

Las fronteras entre la realidad y la imaginación se desdibujan en la llamada novela histórica, subgénero narrativo que ha tenido como expresión las obras de muchos autores fundamentales como Pushkin, Dickens, Yourcenar, Eco, Pérez Reverte y, de este lado del hemisferio occidental, a García Márquez, Vargas Llosa, Asturias y Roa Bastos, sin olvidar en Venezuela a Uslar Pietri y Herrera Luque. ¿Qué es historia y qué es novela? En un reciente debate del Primer Encuentro Binacional de las Letras Colombia Venezuela, celebrado en Bogotá, el novelista venezolano Eduardo Sánchez Rugeles soltó: “no me interesa la crónica de la realidad sino la ficción que me permite comprenderla”. Y yo añadiría: también expresarla.

Vienen a mi memoria El espía que cayó del frío (1963), de John Le Carré, La segunda muerte de Ramón Mercader (1969), de Jorge Semprún, y La fiesta del Chivo (2000), de Mario Vargas Llosa, por solo nombrar tres títulos, para extender la comprensión del proceso histórico hacia los campos de la novela de espionaje. Un legado que Moisés Naím recoge en su primer trabajo de ficción Dos espías en Caracas (2019), sobre el período histórico que se abrió en Venezuela el 4 de febrero de 1992 hasta el anuncio de la muerte de Hugo Chávez en 2013. Un relato que abre con el desconcierto de dos personajes improbables y adversarios que tratan de comprender por qué se intenta un golpe de Estado contra Carlos Andrés Pérez y que se desarrolla a lo largo de 21 años convulsos y frenéticos. Eva, la agente de la CIA, y Mauricio, el oficial del G2, son los espías del título de la novela del escritor venezolano pero —desde mi punto de vista— no son los personajes principales.

El verdadero personaje principal es Hugo Chávez, cuya personalidad y acción recorre toda la trama de manera muy definida. Desde sus años juveniles hasta el cáncer que marcó su partida. Naím ha declarado varias veces que ha estudiado en detalle el proceso político venezolano a partir del chavismo. En su obra se tornan evidente sus conocimientos y su reflexión sobre la desgracia que nos acosa desde entonces. Tal vez para nosotros se convierte en una crónica de lo que ya conocemos pero quien no sea venezolano encontrará —y entenderá— la crónica de un drama militar que derivó en tragedia nacional. El relato lineal va marcando los diferentes momentos de la historia de los últimos decenios en Venezuela —el Caracazo, el 4 de febrero, la nueva Constitución Nacional, el 11 de abril, la huelga petrolera, el referendo de 2007, etcétera, hasta la designación de Nicolás Maduro como el sucesor— narrados de manera pulcra, para construir un enorme fresco que combina lo general con lo particular, lo colectivo con lo íntimo. Esa es la parte histórica de la novela con sus elementos de ficción.

A esta línea narrativa principal se van sumando ambos espías —Mauricio Bosco y Eva López— seguidos de la periodista Mónica Parker, que pasa de la fascinación por Chávez a su rechazo profundo, el Pran que controla los hilos del poder desde una cárcel, el empresario Willy García que maneja las jugadas financieras del régimen, Günther Müller, el banquero suizo que administra las fortunas de los corruptos, y Fidel Castro, quien no necesita presentación y no es producto de la ficción. Un poco más allá se ubican otros personajes, incluida la esposa del presidente, que terminan de conformar el cuadro humano de la trama.

En Dos espías en Caracas se pone de manifiesto la condición de agudo analista del exdirector de Foreign Policy y exministro de Fomento de Carlos Andrés Pérez. Logró estructurar un edificio dramático que cumple su objetivo de motivar al lector a comprender y seguir la trama que vuela de página en página. Tal vez sus dos agentes de inteligencia no escapen de ciertos estereotipos de la novela de espionaje pero funcionan como bisagras que abren y cierran puertas para articular los diferentes momentos de la trayectoria del militar golpista devenido en caudillo popular.

Una de las conclusiones que se extraen de su lectura se inserta en el terreno del análisis político e histórico y marca la poderosa presencia de Fidel Castro y el régimen cubano en la dominación del poder venezolano, en todos sus niveles. A partir de la relación padre-hijo, Naím desmonta la dependencia mutua de los gobiernos de La Habana y Caracas. Lo hace con conocimiento y precisión como un factor del devenir politico de Venezuela También expone la hegemonía del G2 sobre el desconcierto de la CIA en su patio trasero. Desde su perspectiva la inteligencia cubana es mucho más efectiva que la estadounidense.

¿Qué le reprocho a la novela de Naím? Pues el tono explicativo de la historia. Soy más preciso: cuando Vargas Llosa publicó La fiesta del Chivo no pretendió explicar el régimen de Rafael Leonidas Trujillo sino expresar la lucha de unas mujeres heroicas contra la dictadura dominicana. Lo mismo hace el Gabo con la figura del dictador en El otoño del patriarca: no lo explica, lo expresa en sus rasgos humanos. Otro ejemplo: en El hombre que amaba los perros Leonardo Padrura no explica la Guerra Civil española ni el asesinato de Troski ni el Periodo Especial en Cuba sino expresa los dramas humanos e íntimos de sus personajes. Es lo que hizo el venezolano Sánchez Rugeles en Blue Label/Etiqueta Azul y en Liubliana sobre esta Venezuela depauperada.

Más allá de estas consideraciones de estilo, Dos espías en Caracas constituye una lectura importante para comprender por qué pasaron las cosas que nos pasaron. Que ya es mucho.

DOS ESPÍAS EN CARACAS, de Moisés Naím. Ediciones B, Penguin Ramdon House Grupo Editorial, Barcelona, 2019.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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