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Dos de trébol LOS PROBLEMAS DE CREAR UNA FANTASÍA, por Luis Bond

Dos de trébol
La verdadera magia está en el corazón.

Tocar nuevos géneros y registros dramáticos siempre será una aventura en Venezuela. Por ser gran parte de nuestra filmografía de corte social, cada vez que se estrena una película alejada de este tópico el público la recibe con muy buena disposición. Gracias a esto, los realizadores se han animado a explorar otros temas, desde la comedia romántica como Papita, maní, tostón hasta el suspenso en La casa del fin de los tiempos (por hablar de los referentes contemporáneos más exitosos). A pesar de esto, las películas juveniles son todavía un terreno casi virgen para nuestra filmografía y representan todo un reto para cualquier realizador que se atreva a embarcarse en tal travesía. Orlando Rosales y Jessica Wenzelman tomaron el riesgo con Dos de trébol, una historia llena de magia y personajes carismáticos pensada para atrapar a los chamos en las salas de cine. Lastimosamente, varios problemas de fondo —más que de forma— agujerean la película, transformándola en un largometraje con buenas intenciones dentro de nuestra cinematografía actual, pero que se queda a mitad de camino con su cometido.

La historia comienza con la voz en off de Tita (Elba Escobar), una suerte de pitonisa que nos habla acerca de la magia para luego adentrarnos en un circo. Allí conocemos a un niño que recibe por parte de nuestra misteriosa narradora una extraña caja con una espada y cartas. Pasan los años y descubrimos que ese niño es Horacio (Gavo Figueira), un mago que trabaja en fiestas infantiles, pero que está a punto de tener la oportunidad de hacer un gran show que podría cambiar su suerte para siempre. En paralelo, conocemos a Juan (Rosmel Bustamente), un niño soñador y travieso que es el dolor de cabeza de su madre, la joven Susana (Daniela Bascopé). Sus destinos se unen gracias a una fiesta infantil donde ambos coinciden y que hace que Juan quedé alucinado al ver el performance del adulto. Gracias a este encuentro el niño querrá aprender los trucos del mago y éste estará renuente de tener un aprendiz. Al principio, ambos parecen detestarse hasta que una vuelta del destino los unirá haciendo que necesiten uno del otro para salir adelante y así aprender que la verdadera magia está en el corazón.

El problema principal de hacer cine juvenil es que los referentes que preceden a este genero son abrumadores. El realizador se enfrenta con decenas de producciones de alta factura a nivel mundial, piezas de casas como Disney, Fox o Universal, sin perder de vista que el público juvenil puede ser más exigente que el adulto al estar acostumbrado a ciertos estándares de calidad en las historias que consumen. Si a esto sumamos que los chicos suelen desconocer parte del proceso cinematográfico o la pertinencia de ciertas piezas dentro de nuestra filmografía, podemos eliminar el factor indulgencia que muchas veces acompaña a nuestras producciones nacionales. Un adolescente que creció viendo filmes como Harry Potter o Las crónicas de Narnia, difícilmente podría conectarse con una producción más austera donde a la fantasía que vende se le ven las costuras. Teniendo esto en cuenta, Dos de trébol sale mal plantada en comparación con otras exponentes de su genero en otras latitudes.

Sus principales defectos provienen de las aristas más importantes a nivel narrativo dentro de una película: edición, guión y dirección. El primer renglón falla por hacer la historia lenta en su desarrollo y en no poder unir escenas de manera natural para darle coherencia al relato. Una falencia que se intenta esconder con un exceso de música que termina haciendo más daño que solucionando el problema, como si la ausencia de ritmo en ciertos momentos pudiese solucionarse con canciones y cortes abruptos. Aunque la premisa del film estaba genial, el desarrollo de las escenas, la ausencia de conflicto externo, los diálogos expositivos, la narración en off y ciertos momentos dramáticamente hablando inverosímiles terminan destruyendo el interés que había en la historia en los primero minutos. Por último, la dirección, lejos de ser dinámica o tener algo de malicia, se decanta por un tratamiento casi clásico en los tiros de cámara y puesta en escena, muy diferente al lenguaje juvenil que tratan otras piezas. Una verdadera pena pues el cast de la película hace una excelente labor dándole vida a unos personajes bien simpáticos, aunque su esfuerzo se ve diezmado por las cosas antes comentadas. A pesar de todo esto, Dos de trébol es una apuesta interesante dentro de nuestra filmografía actual y sería genial que pudiese inspirar a otros realizadores a intentar comunicarse con los más pequeños del hogar desde la pantalla grande. Un camino largo que nos queda por recorrer y en el que todavía estamos en pañales.

Lo mejor: la actuación de Daniela Bascopé, Rosmel Bustamante, Gavo Figueira y Elba Escobar. La apuesta por hacer un cine orientado a los chamos. Su premisa estaba interesante. La dirección de arte y fotografía están bien trabajados.

Lo malo: la edición hace que la película sea lenta y termina distrayendo más que sumando al relato. El exceso de música que poseen muchas escenas y las adaptaciones de The XX y George Baker, como si de un comercial versionando las canciones de moda se tratara. La narración en off.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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