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Desde allá LA DIALÉCTICA ENTRE EL RUIDO Y EL SILENCIO, por Luis Bond

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‘Desde allá’ es una película que, desde los primeros minutos, nos acorrala con su propuesta estética, narrativa y sonora.

No suelo utilizar títulos tan intensos para mis críticas, pero este largometraje lo amerita. Escribir acerca de la primera película venezolana (y latinoamericana) que triunfa en un certamen tan importante como el Festival de Venecia no es sencillo. Más allá de los laureles, Desde allá se presenta como una obra difícil de abordar para la crítica y el público.

La ópera prima de Lorenzo Vigas —director y guionista venezolano— tiene un halo que podría obnubilar a primera vista y hacer que cualquier entendido en el cine se arrodille frente a su complejidad antes que desarmarla o cuestionarla. ¿Qué es lo que tiene de especial que todo el mundo habla de ella, aunque pocos puedan digerirla? Su principal atributo es, al mismo tiempo, su talón de Aquiles: su frialdad en la puesta en escena, la ambigüedad narrativa y el distanciamiento emocional con el espectador. Una triada que la hacen un experimento sumamente interesante y que se presta para múltiples lecturas.

La historia cuenta —mejor dicho, retrata— la vida gris de Armando (Alfredo Castro), un técnico dental de cincuenta y tantos que tiene una extraña afición por pagarle a jóvenes de la calle, llevarlos a su casa y complacerse mientras los observa. Un fetiche que, a primera vista, podría parecer bastante perverso, pero que parece ocultar tras de sí un trauma infantil —algo que, como muchas cosas en las películas, es ambiguo. Un día Armando conoce a Elder, un joven hosco y agresivo, con el que establece una suerte de relación autodestructiva y extraña. En sus primeros encuentros Elder agrede —física y verbalmente— a Armando, engañándolo y sacando provecho de él. Acciones que, lejos de alejar al protagonista, aumentan su fascinación por el joven maleante, creando entre ellos una dinámica de víctima y victimario que termina concretando entre los dos una suerte de conexión intensa que cambiará sus vidas para siempre.

Lo que desde afuera parece una mina de oro para cualquier psicoanalista —homosexualidad, complejo paterno, anhedonia, vouyerismo, teleiofilia, incesto, pedofilia, esquizofrenia, aderezado con comportamientos autodestructivos y psicopáticos— esconde una historia críptica entre dos personas completamente disímiles que terminan unidos a través del silencio y los vacíos emocionales. Probablemente, el principal acierto de Desde allá es su principal condena para muchos: su frialdad e inteligencia. Por momentos se presenta como una película tan pensada que careciera de alma, de ese Eros que nos mueve y conecta con las historias. Pareciera que su director solo busca hacernos sentir incómodos por una avalancha de realidad en su puesta en escena para compensar lo poco verosímil de su argumento. A ratos se muestra como un retrato fidedigno —a veces con un toque documental, otrora como cine experimental— de la vida de dos seres desdichados y condenados a estar solos. Cine de silencios, omisiones y montaje analítico que recuerda a Michael Haneke, Kim Ki-Duk y Wong Kar Wai.

Tal vez, lo más interesante —y cuestionable— de Desde allá sea el guión. Un argumento carente de conflicto externo y verosimilitud, pero que funciona a la perfección gracias a la puesta en escena hiperrealista y cruda de Vigas. De los personajes sabemos poco, toda su historia y sus motivos quedan enterrados en el subtexto, entre diálogos anodinos que poco —o nada— nos cuentan de ellos. Más allá de las lecturas que podemos darle a la historia gracias a su ambigüedad, la que más me gusta es la de la soledad y la ausencia de conexión emocional. Aunque pareciera que Armando no siente, hasta el punto de rehuir del contacto físico, hacerse daño, recibir golpes y actuar como si nada, Elder está tan desconectado como él pero, a diferencia de su contraparte, él si desea sentir (por eso devora la comida, besa con pasión a Armando o se expresa de manera tan violenta, como un volcán ansioso por entregarse a la emoción). Las metáforas que esta dupla suscita pican y se extienden: ambos trabajan con materiales duros (dientes y carros, respectivamente), tienen carencias emocionales, sufrieron de abandono paterno, son parias dentro de su círculo, en fin, son dos desadaptados cuyo destino dramático era irremediablemente terminar juntos. Sí, el final de la película es un gancho al hígado. No solo por lo abrupto, incómodo y ambiguo, sino por lo frío y distante que es en su puesta en escena. En defensa de Vigas, solo puedo decir que desde el primer plano hasta el último nos advirtió que esta historia era incómoda y venía a suscitar más preguntas que respuestas.

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Desde allá es una película que, desde los primeros minutos, nos acorrala con su propuesta estética, narrativa y sonora. Los planos son largos, la cámara casi siempre está fija —y las pocas veces que se mueve es para seguir a los personajes en la calle, como si de un documental se tratara—, la composición de cada cuadro está pensada de forma calculada, utilizando el espacio como una metáfora de la soledad de sus protagonistas. Planos generales, con mucho aire en términos de composición y con los personajes ocupando poco espacio en el cuadro, en contraste con planos cerrados de nucas o detalles que no terminan de acercarnos realmente a los protagonistas. La distancia afectiva es marcada por el espacio, al principio de la relación Elder está sentado en una esquina de la mesa y conforme comienza a abrirse emocionalmente a Armando se sienta a su lado o busca su contacto físico, mientras que él se mantiene frío y distante, separado de él en cuadro por columnas, puertas o demás, como si el mismo cuadro evitara cualquier intento de conexión entre los dos. Propuesta inteligente y que funciona, pero que hace que por momentos la puesta en escena de la historia sea artificiosa. A mitad de camino entre cine experimental y cine documental, Desde allá tiene una impronta visual que dista mucho de lo que estamos acostumbrados a ver. De las actuaciones no hay nada que decir: la dupla de Castro y Silva es soberbia, ambos llevan la película en sus hombros solo con sus miradas. Ellos son el corazón de la historia y los que ponen en marcha el engranaje de Vigas alejándose de cualquier estereotipo o lugar común con sus caracterización.

Por otro lado, está la dirección de fotografía a cargo de Sergio Armstrong, quien hace un trabajo impecable con la luz —tanto en interiores como exteriores—, dándole un feeling de frialdad a la historia en pleno mediodía o con la luz cálida de un hogar. A esto se suma la utilización de la poca profundidad de campo a la hora de retratar a los personajes (por ejemplo, teniendo un primer plano de la nuca de Armando en foco y todo lo demás borroso) y la utilización de la cámara en ciertos momentos dramáticos. Más allá de la propuesta de Vigas, es imposible no sentir la impronta de Armstrong y recordar películas que ha fotografiado como No y Joven y alocada —sobre todo esta última. El otro gran protagonista de la historia es el sonido. La ausencia de música se suma a la austeridad de la historia y por la casi ausencia de diálogos que le dan un toque realista a un argumento que, por más vuelta que se le dé no lo es. El contraste entre el mundo ruidoso de Elder (la calle, el taller, las fiestas) y el silencio sepulcral de Armando (la casa, el laboratorio) es otra de las claves para entender a los personajes. Conforme avanza la historia, el sonido de la calle se va perdiendo y el silencio de Armando termina devorando todo (al igual que el que invade la sala al final de la proyección).

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Desde allá representa ese tipo de cine controvertible que le encanta a los cineastas, divide a la crítica, es incómodo para el público y que termina haciendo filmografía (sobre todo en un país donde es harto necesario un cine diferente a lo que estamos acostumbrados a ver). Para ser su ópera prima, Vigas demuestra inteligencia, tino y frialdad —como si de un cirujano se tratara— con el manejo de la cámara. A pesar de su ausencia de alma, de lo críptica y pretenciosa que pueda ser (porque sí, duélale a quién le duela, la película esconde detrás de su minimalismo y austeridad narrativa un poco de pedantería cinematográfica), Desde allá es de los largometrajes más interesantes que ha tocado nuestra cartelera nacional. La decisión de postularla como representarte de Venezuela a los premios Oscar ha sido de las más sensatas de los últimos tiempos y, de seguro, será una digna representante de nuestro país de quedar seleccionada.

Desde Allá Trailer – Festival Biarritz Amérique Latine

*Puede leer el texto original en www.cervezazulia.com.

http://www.cervezazulia.com/desde-alla-la-pelicula-venezolana-que-triunfa-en-el-mundo-por-luis-bond/

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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