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Debate abierto CONTRIBUCIÓN DE LAS PETROLERAS NORTEAMERICANAS AL PROGRESO DE VENEZUELA, por José Gómez D’Heureux*

Mene Grande Oil Company
Edificio de la Mene Grande Oil Company construido en 1951. Desde 1968 a 1975 fue la Escuela Gonzaga, Hoy alberga la oficina principal de Carbozulia.

Especial para Ideas de Babel. El pueblo venezolano, de una manera general, tiene la idea de que los Estados Unidos es un imperio enemigo del que hay que desconfiar y rechazar. Esto generalmente lo hacen de la boca para fuera, ya que internamente, se copian de todo lo que viene de allá, viajan de vacaciones, van a universidades y a clínicas importantes cuando lo necesitan solo a ese país. Esta condición ha sido sembrada por los políticos de izquierda, envidiosos del progreso norteamericano, incapaces de hacer algo por su propio país, siendo más fácil, echarle la culpa al gigante del Norte.

Hay que recordar que los Estados Unidos no le pidieron ayuda a nadie para llegar a ser lo que son hoy en día. Lo hicieron ellos mismos con su trabajo. Cuando hablamos de imperios, nos olvidamos de Rusia, que se apodero de todos los países que lo rodearon para esclavizarlos, igual como lo hace China o como lo hicieron en el pasado Inglaterra y España, por poner solo unos ejemplos. Los norteamericanos no se quedaron con ningun pais en donde intervinieron, solo para liberarlos de una tirania.

Pero volviendo al tema principal: la contribución que hicieron las compañías petroleras privadas al progreso de Venezuela es un tema largo.

Voy a empezar por decir que toda mi vida viví en dos mundos: el venezolano criollo y el norteamericano de los campos petroleros y conozco muy bien lo que ocurría en ambos escenarios.

Al contrario de lo que se pueda pensar (y solo nosotros los petroleros sabemos la verdad) la explotación petrolera no era solamente sacar petróleo y ganar dinero.

En primer lugar, las empresas empleaban personal venezolano de distintos niveles educativos y los entrenaba para trabajar en forma ordenada, disciplinada y honesta. Y les suministraban salud y educación, los cuales les permitían escalar en las empresas por méritos y no por amiguismo. Era la meritocracia. Cuando estos venezolanos dejaban la industria, estaban preparados para trabajar en cualquier otra actividad. Y eran buscados por su honradez y confiabilidad. Estos valores morales se extendían al resto de la familia del individuo y en la comunidad donde residía.

En segundo lugar, la familia del empleado recibía una atención especial. Siempre había planes médicos y hospitales habilitados o propios para la atención de los familiares. Y los hijos recibían una educación superior al que había en los pueblos circunvecinos, con los mejores profesores, traídos de otras partes del país (de Caracas, por ejemplo) con buena preparación académica y cursos de mejoramiento profesional continuo. Los textos escolares de las escuelas petroleras eran gratis y solo se nos pedía que los cuidáramos para entregárselos a los alumnos que venían detrás de nosotros. Los cuadernos y lápices también eran suministrados en forma gratuita. En estas escuelas también aprendíamos a ser buenos ciudadanos, amantes de la patria y la conservación de la naturaleza.

Cuando a los trece años fui a Caracas, las escuelas publicas de la ciudad estaban por debajo del nivel de las de los campos petroleros norteamericanos.

En tercer lugar, sin que nadie se los exigiera, había una cierta cooperación con las autoridades locales para resolver problemas menores, como arreglos de calles, alumbrado publico, acueductos, manejo de aguas negras y cloacales, etcétera. Existían plantas para procesar las aguas cloacales.

En cuarto lugar, podemos afirmar con conocimiento, que las empresas estimularon el deporte en sus diversas formas como béisbol, basketball, vollyball, atletismo, etcétera. Y construyeron canchas deportivas para ese fin.

Hay que recordar que en la Venezuela de los años cuarenta y cincuenta no existían muchos de los servicios públicos que hoy en día consideramos como normales y las empresas que venían de un mundo más desarrollado los consideraban importantes para mantener una población sana y entretenida.

En quinto y último lugar ponemos la diversión. Los campos petroleros tenían un club social con numerosos eventos culturales y sociales además de cine gratis, dos o tres veces por semana.

Todas las cosas enumeradas anteriormente, contribuyeron a modernizar a Venezuela y a Caracas y a elevar el nivel cultural de la población.

Por otra parte, y que me corrija alguien que tenga evidencia, Estados Unidos nunca han agredido a Venezuela. Nosotros fuimos su país mimado por muchos años. Los mal pensados dirán que fue por el petróleo, pero ese petróleo era comprado y pagado a buen precio como siempre, dentro de una actividad legítima, honesta y de acuerdo con las leyes venezolanas.

Finalmente, cuando le dijimos que queríamos manejar el petróleo nosotros mismos, negociaron con nosotros una transición pacifica, y los empleados venezolanos que estábamos ya preparados por ellos, tomamos el mando y creamos la gran Pdvsa. ¿Dónde esta el daño que nos hicieron? ¿Por qué los odiamos?  Deberíamos reconocer el gran beneficio colateral que significó tener en el país a un grupo de personas que no solo vinieron a explotar el petróleo sino que, además, contribuyeron a mejorar el nivel cultural del venezolano. Muchos norteamericanos inclusive se casaron con venezolanas y tuvieron sus hijos venezolanos que estudiaron en el país. Este aspecto de la evolución cultural de Venezuela nunca ha sido mencionado. Venezuela fue un mejor país gracias a los norteamericanos. Por eso, en un tiempo, fuimos el mejor país de América Latina.

*Geólogo petrolero

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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