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Cuba-Venezuela SIGUE EL PARALELISMO, por Antonio Llerandi

Para simplificar la cosa, en ambos territorios quién no tiene verdes no come. Porque la libreta de racionamiento y las cajas clap son un engaña-estómago que dura un ratito.

A medida que el tiempo y las noticias corren, se hace más patente la realidad del paralelismo entre la historia actual de lo que antes eran dos países y hoy en día un país y una colonia.

No parece ser simple casualidad que justo el mismo día, hace unas semanas, fueran abiertas simultáneamente dos tiendas de ventas de electrodomésticos solo adquiribles en dólares en La Habana, en el Edificio Focsa y en Galerías Paseo, y al unísono las venezolanas (?) Daca en Caracas y Multimax en Valencia. Todo parecía un juego de espejos, por lo parecido, por lo igualito: sólo se podían pagar en dólares los deseados adminículos y las colas o filas para ingresar a los locales eran interminables. Algo así como una voracidad consumista desplegada en dos sociedades ávidas de facilidades para la dura vida.

Cabe destacar que la aparición de estos fenómenos absolutamente simultáneos se debe a una decisión también biogeográfica: la autorización y el estímulo a sacar al aire, los previamente denodados verdes. Dejar de sentirte delincuente y correr el peligro de hacerte desaparecer si se te ocurría mostrar esos dolaritos que tenías en caleta, metidos en el bolsillo con cierre de esa chaqueta de cuero, más o menos ajada, que teníamos en el clóset y que como todos en la casa sabían, no la usábamos para el frío sino como caja fuerte de los pobres, para esconder el pecado de tener en el sagrado recinto de tu hogar el representante máximo de la maldad imperialista.

Ahora no sólo podíamos sacarlos del oscuro escondite sin temores ni desasosiegos, sino que además servían para lo que fueron inventados: para comprar. Ya no nos sentíamos traidores a la causa revolucionaria por utilizar esos dineritos que nos había traído la prima que vive en EEUU y que vino a visitarnos por aquello de sentirse mejor y no tan culpable que hacía dos años que no nos visitaba. Lo que en el resto del mundo se convierte en normalidad —la de recibir una paga decente por tu actividad laboral— en estos malhadados territorios tiene otra connotación, pues los nacionalistas pesos y bolívares han demostrado fehacientemente su absoluta inutilidad, casi convertidos en billetes de monopolio, ese imperialista juego de salón que alguna vez usamos inocentemente.

Para simplificar la cosa, en ambos territorios quién no tiene verdes no come. Porque la libreta de racionamiento y las cajas clap son un engaña-estómago que dura un ratito. Y ahora nos sentimos más libres porque los vemos a diario, todo el mundo los usa, y EEUU está presente diariamente en nuestra vida aunque sólo sea por los billeticos, que sin ellos no sé qué sería nuestra vida.

Ambos regímenes aúpan su utilización porque eso hace que en el fondo ellos puedan también airear los suyos que indiscutiblemente  son mucho más que los nuestros y por otra parte, tarde o temprano, la mayor parte  de ellos caerán en sus manos para el ostentoso vivir de los dirigentes y enchufados.

Siguiendo ambas rutas y un mismo camino, nos encontramos que en el territorio dueño de los verdes y sueño desesperado de muchos conciudadanos de ambos países, la similitud se hace patente, se nos están cerrando cada vez más las puertas para acceder al camino de la libertad. El boca pa’fuera de la oficialidad no se corresponde con la no facilidad de bienvenida. Pero a trancas y barrancas, muchos siguen llegando e intentando recomenzar sus vidas desde cero o desde menos cero.

Y como colofón de estas historias separadas pero reunidas en la misma desgracia, quisiera encontrar otro trágico paralelismo entre la isla y el territorio continental.

Dentro de la isla, en Cuba, existe una gran cantidad de desplazados, sobre todo de los territorios orientales, padecedores de una pobreza aún mayor que en el resto del territorio y que los cubanos han dado en llamarlos los ‘palestinos’, usando el símil de aquellos que son desplazados en su propia tierra.  En la cubanidad el asunto se convierte en una tremenda tragedia, porque según las leyes cubanas ningún ciudadano de ese país puede mudar su residencia sin la previa autorización de las autoridades.  Estos ‘palestinos” se convierten en unos parias en su propia tierra, malviviendo, sobre todo en La Habana, donde al menos pueden conseguir ‘algo’ diferente a lo poco o nada de sus territorios originales. No pueden, por no estar registrados, tener un trabajo fijo, ni una casa, ni sus hijos pueden acceder a los colegios, ni tener las pequeñas ayudas que otorga el gobierno, pero persisten allí porque al menos no se mueren de hambre. Su presencia es tan evidente e inocultable que incluso una película oficial cubana —Conducta— hace de ellos el tema central de su narrativa.

Pero para seguir con el tema de que a Venezuela le pasa lo mismísimo, nos encontramos hoy en día con una gigantesca invasión de nuestros queridos maracuchos —o marabinos como prefieren ellos que se los llame— en la capitalina Caracas. Agobiados por la carencia de agua, de luz, de trabajo, de transporte, de insumos, se han ido refugiando en el valle de lágrimas de Caracas, porque allí encuentran un poco más de luz, de agua, de menos calor y necesidad de aire acondicionado, y porque además —aunque usted no lo crea— en Caracas hay gasolina, que la producimos en Maracaibo pero se la llevan a Caracas que es como el lugarcito que tratan de que prevalezca como un pequeño oasis entre tanto caos.  Ahora nosotros tenemos también nuestros marapalestinos.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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