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Clásicos de tres décadas venezolanas LA MEMORIA DE JOSÉ LUIS BRICEÑO, prólogo de Rodolfo Izaguirre

José Luis Briceño
José Luis Briceño es licenciado en Comunicación Social y sostiene su propio orgullo en la Maestría en Estudios de Comunicación que obtuvo en la Universidad de Kansas.

Clásicos de tres décadas venezolanas  60, 70 y 80. La memoria de José Luis Briceño, recoge los fragmentos políticos y culturales del país venezolano a lo largo de esos importantes años que revelan no sólo la reciedumbre del propio país sino la ondulante y secreta presencia del autoritarismo que bajo la forma del caudillo civil o militar anuda sus trenzas desde el cuartel o desde  los pasillos de Miraflores.

José Luis logra reunir trozos de memoria y organizar con ellos una gramática coherente. Exponer el dibujo de seres, situaciones, conflictos políticos, vanidades y obsesiones es una tarea que realza y dignifica a quien la hace posible, dejando al lector en libertad para opinar, aceptar, negar, afirmar o polemizar.

Briceño se instala en el país a partir de la década de los sesenta y va enlazando los acontecimientos sucedidos a partir de años duros y decisivos que en los sesenta habrán de vislumbrar la presencia cubana como el mayor peso político sobre los hombros venezolanos. Lo digo porque nunca antes una manifestación cultural había ocultado el mayor fervor político que emanaba de la llamada izquierda revolucionaria que encendía la exitosa Revolución Cubana. Una revolución que contribuyó a la disolución del grupo literario Sardio y su entrada a las agitadas aguas del Techo de la Ballena. A fines de los cincuenta Sardio reunió en la revista del mismo nombre a jóvenes escritores apoyados por artistas plásticos pero, al aparecer, en el panorama de la Revolución Cubana el grupo Sardio se disolvió. Los socialdemócratas se apartaron del grupo y el resto, de izquierda, se complació en protegerse bajo el alero de El Techo de la Ballena, un movimiento irreverente, de tropical rebeldía dadaísta, capaz de estremecer la apacible floresta cultural venezolana. Creí en el movimiento porque irrumpía, aparentemente, contra el poder, cualquiera que fuese y ocupara el lugar que ocupase. Pero la Revolución Cubana nos encandiló hipnotizándonos. El Techo enfrentó duramente al gobierno de Rómulo Betancourt elegido democráticamente en elecciones consagradas. Aplaudimos la invasión cubana a Machurucuto y en las serie de béisbol del Caribe, cada vez que se enfrentaban Cuba y Venezuela, íbamos a Cuba.

Dos estridentes acontecimientos sacudieron al país cultural: el poema Duerme usted señor Presidente de Caupolicán Ovalles y la exposición Homenaje a la necrofilia del médico, poeta y pintor Carlos Contramaestre. El poema ofendió a Betancourt y la exposición estableció que todo estaba podrido en el país: Miraflores, el arte, la cultura, la propia vida venezolana.

Dos días después de la inauguración, yo estaba en el pequeño garaje de una quintica en Sabana Grande alquilada a una apacible e inocente anciana, cuando comencé a ver cómo se movían los cuadros de Contramaestre y me dije: «Hay vida en el arte, una demostración que habrá que ofrecerle a los curadores, a los que teorizan sobre él». Y al acercarme a los cuadros, unas vísceras de animales que Contramaestre, médico rural, había pegado a los lienzos, comenzaban a pudrirse. Los gusanos que se movían en los cuadros eran gusanos del arte, pero los que eran expulsados por el Puerto de Mariel eran cubanos que se oponían al fascismo desatado por la satrapía de los hermanos Castro, que décadas más tarde agobiaría a los venezolanos bajo la vulgaridad bolivariana de Hugo Chávez. ¡Una década propiciará, por debajo de otra, algún destino trágico, alguna terrible diáspora!

El Techo de la Ballena fue el brazo cultural de las guerrillas, un movimiento subversivo dirigido contra el gobierno democrático de Rómulo Betancourt. Como expresión cultural significó, afortunadamente, un estallido, un relámpago de cólera que durante los años sesenta también sacudió a Ecuador con el movimiento Tzántico ―¡los reductores de cabeza precolombinos!― liderado por Ulises Estrella; los nadaístas colombianos de Gonzalo Arango; el aullido de Ginsberg y la influencia de Kerouac y la Beat Generation. La república que no logró alcanzar la insurgencia armada derivó en una bohemia senil llamada la República del Este, que diezmó a sus participantes, personalidades del arte y de la literatura venezolana. ¡Todo quedó envuelto en una manta trágica!

Clásicos de tres décadas venezolanasJosé Luis Briceño es licenciado en Comunicación Social y sostiene su propio orgullo en la Maestría en Estudios de Comunicación que obtuvo en la Universidad de Kansas. Tiene otros méritos académicos, pero Kansas gana por muchos cuerpos. Su mayor logro de vida intelectual es este libro de crónicas, porque permanece no sólo abierto a quien se aventura a leerlo, sino que permite lo que yo acabo de hacer: entrar en él, despejar alguna interrogante, esclarecer detalles, completar información. Cada lector no vacilará en hacerlo, dispuesto a revivir su agudo conocimiento de determinada década y el libro se convertirá en un obra colectiva, pero secreta. Como si al final cada uno de nosotros hubiese cosido su memoria a la memoria de otro lector y extendiera una colcha de valiosos retazos de política, deleites humanos y agobios. ¡El verdadero mapa del país! Será José Luis quien nos oriente para que no sólo hagamos el nuevo mapa sino que, a través de sus letras, insinuará que agreguemos crónicas de otras décadas, estudiemos al ser humano, su medio ambiente, la influencia de la geografía política, la alternancia caudillesca, el malsano olor de los cuarteles y los legítimos laberintos culturales.

Sin duda la mayor gloria de este libro de José Luis Briceño es ¡ser un libro vivo y útil! Un libro que nos ayudará a conocernos y a protegernos de nuestros propios desatinos.

Clásicos de décadas venezolanas 60, 70 y 80 está disponible en Amazon.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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