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Cine LOS LABERINTOS DE SCORSESE

Un agente federal atormentado por lo que descubre y lo que recuerda.

El hombre de los mil estilos. Así podríamos llamar a Martin Scorsese, un realizador que ha confeccionado una filmografía heterogénea en torno a muy diversos ambientes temáticos y épocas. Desde Calles peligrosas (1973) ha probado su gusto por los dramas urbanos como Taxi driver (1976) o El toro salvaje (1980) o por relatos sobre policías y criminales en el terreno de Buenos muchachos (1980), Casino (1995), Pandillas de Nueva York (2002) y Los infiltrados (2006). Esto sin contar piezas poco clasificables como La edad de la inocencia (1993) o El último vals (1978) y sus obras de terror psicológico en Cabo del miedo (1991) o su vocación religiosa puesta de relieve en La última tentación de Cristo (1988) y muchas más de sus cuatro decenas de películas filmadas hasta hoy y sus cuatro proyectos en pre-producción. De tal manera que es poco homogéneo su trabajo. Esta inquietud temática se manifiesta de nuevo en La isla siniestra, un thriller psicológico que involucra el drama policial, la conspiración médica, el horror de la guerra, las manipulaciones políticas y las patologías mentales gracias a un guión zigzagueante que busca el desconcierto en el espectador. Y lo logra.

Ambientada en el marco de la Guerra Fría de mediados de los años cincuenta, La isla siniestra muestra a Teddy Daniels (con el rostro y la gestualidad de Leonardo DiCaprio), un investigador del FBI que participó en acciones de muerte durante la Segunda Guerra Mundial y posteriormente perdió a su esposa en un incendio, dos experiencias que lo perturban. Junto con el alguacil Chuck Aule (el siempre correcto Mark Ruffalo) viaja a la isla Shutter, en la costa de Boston, donde funciona un hospital psiquiátrico para criminales extremos. Ambos agentes federales deben encontrar a una peligrosa paciente que escapó misteriosamente, sin dejar rastro. Daniels sospecha que algo pasa en la isla y desconfía de los métodos que aplican los médicos y guardias sobre los pacientes. La búsqueda de esta mujer se convierte en el principio de un intenso laberinto donde nada es lo que parece ser. El complejo guión de Laeta Kalogridis, inspirado en la novela de Dennos Lehane (autor de Mistique River y Gone, baby, gone), transita diversos atajos para despistar no sólo al policía atormentado sino al propio espectador. Crea rastros equívocos, presiona en datos inexactos, genera percepciones contradictorias. Este juego de confusiones forma parte de la propuesta global del film, aunque a ratos parezcan innecesarios algunos giros dramáticos.

Se trata de un riesgo que sumió el realizador de la tenebrosa Cabo del miedo, una de sus mejores piezas en este sendero, a sabiendas que la trama se desdibuja y deja de ser un relato policial para derivar hacia el drama psicológico. Desde las primeras escenas, cuando el trasbordador atraca en Shutter, el diseño sonoro de Robbie Robertson preanuncia el tono aterrador de la historia que se verá enriquecido sucesivamente con piezas de Krzysztof Penderecki, Max Richter, Ingram Marshall, Marcel Duchamp, Morton Feldman, Giacinto Scelsi, Nam June Paik, John Adams, Brian Eno y Robert Erickson. La selección musical esta muy bien hecha para crear el ambiente sonoro adecuado para transmitir suspenso. El personaje de Daniels se irá despojando de sus fortalezas externas y mostrará sus debilidades, tanto en ese presente confuso y misterioso como en el recuerdo de su participación en la liberación del campo de concentración de Dachau y en la pérdida de su esposa.

Desde esas primera simágenes Teddy Daniels ya sabe que algo oscuro lo espera. Se siente mal rodeado de agua. Su nuevo compañero lo asiste bien, le sigue la corriente, contribuye en la investigación de la extraña mujer fugada y del paciente 67 en un hospital donde sólo hay 66 internos. Misterios a descifrar que poco a poco se revelan contradictorios, incluso antagónicos, de la misma manera en que el agente federal se transforma, se aisla y se siente perdido en medio de una conspiración. Es lo que busca Scorsese: acentuar el drama solitario de un hombre que descubre las bofetadas de la locura y se sumerge en sus propios laberintos. En este sentido se torna fundamental la dirección de fotografía de Robert Richardson con su registro de sombras, sus movimientos de cámara y el manejo de la luz en un ámbito esencialmente oscuro que logra acentuar el efecto claustrofóbico de la tormenta que azota la isla. El diseño de producción de Dante Ferreti atrapa y expresa el clima opresivo de la historia, con sus elementos fíusicos propios de los años cincuenta pero también del clima político del maccarthismo delirante de la época.

A Scorsese siempre le han gustado las personalidades complejas en situaciones al límite. En este caso inicia un viaje introspectivo en la mente de un hombre que se mueve en varios campos dramáticos, utilizando un tono de suspenso que bordean el terreno del terror. Trabaja el recursos del flashback para desarrollar la angustiante vida interior de Daniels y para definir sus temores. Pero sobre todo se nutre del tipo de atmósfera que Alfred Hitchcock manejó con maestría en Vértigo, llena de miedos, fobias, dudas, desconfianzas. Las referencias a la incertidumbre de la trama, a la confusión en la apreciación de los personajes y la evocación de lo misterioso sin solución. Desde luego, allí está la torre del faro como el lugar que alberga todos los fantasmas.

Leonardo DiCaprio se ha convertido en el actor fetiche de Scorsese. Su caracterización de Teddy Daniela revela las angustias de un hombre enfrentadoi a lo que descubre y alo que recuerda. Ruffalo dio una interpretación correcta para lo que necesitaba brindar su personaje, Ben Kingsley ofrece una interpretación llena de matices que van de la postura científica al rigor de su responsabilidad. Las breves apariciones de Max von Sydow definen un personaje interesante, Michelle Williams y Jackie Earle Haley brindan cortas pero efectivas interpretaciones.

La isla siniestra no exige definiciones de parte del público. Simplemnete le muestra unos personajes, una historia retorcida y una resolución sorpresiva y poco complaciente. El realizador sabía que la historia que quería contar sería desconcertante para muchos espectadores. Tal vez por ello su estrenó se retardó hasta el reciente Festival de Berlín. El resultado es una obra muy rica en significaciones y prolija en detalles dramátricos que le son propio. Tal vez sea hoy una película incomprendida pero creo que con los años ganará en dimensión.

LA ISLA SINIESTRA (Shutter Island), Estados Unidos, 2010. Dirección: Martin Scorsese. Guión: Laeta Kalogridis, basado en la novela de Dennis Lehane. Producción: Martin Scorsese, Brad Fischer, Mike Medavoy, Arnold Messer. Diseño de producción: Dante Ferretti. Fotografía: Robert Richardson. Montaje: Thelma Schoonmaker. Diseño de producción: Dante Ferretti. Edición musical: Robbie Robertson. Elenco: Leonardo di Caprio, Mark Ruffalo, Ben Kingsley, Max von Sydow, Michelle Williams. Distribución: The Walt Disney Company Venezuela.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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