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Cine Encuentro de Ideas de Babel EL PEOR HOMBRE DEL MUNDO, por Alfonso Molina

El peor hombre del mundo
Es obvio que el film de Rocca se aleja del estereotipo de la comedia comercial venezolana.

El sábado 13 de enero, a las 10:00 am, abrimos los Cine Encuentros de Ideas de Babel de este año, en el Trasnocho Cultural, con la proyección y el análisis de El peor hombre del mundo, ópera prima del venezolano Edgar Rocca, que acaba de ganar cinco premios Algo de Cine, entre ellos el de mejor película. En tiempos tan duros como estos, el film logró reunir más 115 mil espectadores en su estreno. Ha sido adquirida por Sony Pictures. En el panel participarán el propio Rocca y el crítico Sergio Monsalve, con la moderación y el comentario de nuestro coeditor Trino Márquez.  Los esperamos.

En la nueva generación de cineastas venezolanos —Calzadilla, Rondón, Thielen, por nombrar solo algunos muy recientes— se identifica claramente una tendencia hacia un tipo de drama que podríamos subtitular ‘intra-familiar’, enraizado en los rincones íntimos de nuestra realidad social. Pero también se perfila otra tendencia hacia el trabajo de la comedia con ambiciones existenciales expresada en Amor cuesta arriba (2015) de Nelson Núñez y ahora con El peor hombre del mundo (2016). El debut en el largometraje de Edgar Rocca revela una vocación hacia el humor romántico matizado por referencias culturales y cierto tono que cabría suponer autobiográfico. Un tipo de comedia que busca la sonrisa más que la carcajada. Y logra su objetivo.

Escrita y dirigida por Rocca, El peor hombre del mundo genera varias percepciones a destacar. En primer lugar, la íntima condición masculina de su historia en una suerte de relato en primera persona (con voz en off y todo) que se rinde ante las debilidades de su género, incluidas su devoción por las mujeres y su inseguridad como amante. En segundo término, la externa universalidad de su planteamiento. Esta historia pudo haber sucedido en México DF, Buenos Aires, Madrid o Caracas. De hecho, nunca hay una referencia espacial. De hecho, el mejor amigo de Juan Andrés (muy bien interpretado por Alexander da Silva), el personaje central, es Kevin (el apropiado Ignacio Huang), un chino de origen argentino que se considera venezolano y habla con acento porteño. Es decir, Rocca transita entre la intimidad de sus personajes y la indefinición geográfica de sus situaciones.

Ese Juan Andrés es un oficinista con ambición de cineasta y escritor (como el propio Rocca) que atraviesa su crisis de los treinta preguntándose por qué ninguna de sus ex novias fue al entierro de su padre. Expone sus debilidades masculinas al tratar de responderse tamaña inquietud. Mujeriego compulsivo centrado en sí mismo, le ofrece al espectador una cronología de sus relaciones afectivas y va presentando una a una a las mujeres de su vida. Lo curioso es que cada chica tiene su propia existencia, sus razones personales y sus sentimientos encontrados. Se podría denominar un proceso de aprendizaje mutuo con no pocas lecciones a considerar. Los personajes femeninos son verosímiles, bien definidos, ajenos a la misoginia. Tienen el respaldo de actrices aplaudidas como Mariaca Semprún, Natalia Román, Elaiza Gil, Erika Santiango, Charyl Chacón, Gioia Arismendi y Dora MazzoneEn ellas y en la evolución de Juan Andrés residen las virtudes del film.

Es obvio que el film de Rocca se aleja del estereotipo de la comedia comercial venezolana y latinoamericana en general, vinculada más con el lenguaje de la televisión y el chiste fácil. Su realizador ha revelado una vocación más universal y menos atada a las convenciones locales. Ha hecho una película para sí mismo y para sus pares, es decir, para su universo cultural donde el cine delata un protagonismo fundamental. No solo es evidente su admiración por Woody Allen sino que su relato parece inspirado en los filmes de los años setenta del realizador neoyorquino, especialmente Todo lo que usted quiere saber sobre el sexo pero no se atreve a pregunar (1972), Annie Hall (1977) y Manhattan (1979). Incluso recuerda Sueños de un seductor (1972, ‘Play it again, Sam’) de Herbert Ross, protagonizado e inspirado en la obra de teatro de Allen. Su personaje es un crítico de cine (como Rocca) obsesionado con la Casablanca de Curtiz y por sus carencias afectivas.

Pero sus referencias cinematográficas van más allá de Allen y a menudo recurre a nombres como Michelangelo Antonioni, Jean-Luc Godard, Luis Buñuel y al propio Román Chalbaud, como aparición onírica, quien le ofrece sus consejos. Con el propio Kevin reflexiona sobre Belle de jour y sobre el uso de la voz en off. Las referencias culturales de sus ex novias están bien cimentadas y adaptadas a las circunstancias sentimentales de ese puñado de personajes. Situaciones poco probables en la realidad pero que ilustran el universo creador de su realizador.

El film de Rocca logra articularse con coherencia. Mantiene un ritmo específico y va de una escena a otra manteniendo la figura de Juan Andrés como el centro del relato. Aunque lo presenta como blanco de sus críticas, no lo juzga. Más bien lo comprende. Lo presenta como lo que es: un ser egocentrista que necesita liberarse de sí mismo. La escena de la firma de sus libros es reveladora. un hombre que parece aceptar su destino.

Como ópera prima El peor hombre del mundo delata cierta inexperiencia narrativa, pero su desarrollo permite esperar una trayectoria más importante en el trabajo de Rocca.

Echo en falta la presencia contextual de un país en crisis, algo que determina y condiciona cualquier circunstancia. La película fue producida y estrenada en 2016, antes de que comenzara el agitado año de 2017. Hoy Juan Andrés tendría otro tipo de problemas.

EL PEOR HOMBRE DEL MUNDO, Venezuela, 2016. Dirección y guion: Edgar Rocca. Producción: Elaiza Gil. Fotografía: Jesús Ayala. Montaje: Miguel Ángel García. Dirección de arte: Katherine Sultán Erminy. Diseño de sonido: Gustavo González. Música: Álvaro Paiva. Elenco: Alexander da Silva, Ignacio Huang, Mariaca Semprún, Natalia Román, Elaiza Gil, Antonio Delli, Erika Santiango, Charyl Chacón, Gioia Arismendi, Jean Carlo Simancas, Dora Mazzone, Laureano Olivares, César Manzano, Román Chalbaud. Distribución: Cines Unidos.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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