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Casos a recordar VENEZUELA HA SIDO PIONERA EN MUCHAS MODAS, por Antonio Llerandi

Jamal Khashogg
La Embajada del Reino de Arabia Saudita en Turquía fue el recinto escogido para aplicar el mismo método de convertir un cuerpo en pedacitos, el del periodista Jamal Khashogg.

Venezuela ha sido definitivamente pionera en muchas modas a nivel mundial, lamentablemente y a pesar del título, ninguna en el área de la costura o el diseño. Me voy a referir a eventos creadores, que de alguna u otra forma después se popularizaron en el mundo hasta hacerse bastante usuales y por los cuáles —y quizás—, debido a que no son actividades moralmente aceptables, los iniciadores de las tendencias no han podido ni cobrar ni celebrar sus derechos de autor.

Como somos un país poco avezado en eso de la memoria y aún a riesgo de que algún puntilloso investigador me refute en uno que otro hecho que voy a recordar, y que me parece —fíjense que no lo aseguro— que fueron acciones que dieron inicio a tendencias mundiales y que no hemos reclamado con insistencia por nuestra precursora labor. Sin ánimo de seguir ningún orden cronológico paso a enumerar los que mi cerebro me va refrescando.

Pienso que la primera vez que un avión comercial fue secuestrado por un grupo de civiles en una acción política, ocurrió en la década de los sesenta del siglo pasado, cuando varios jóvenes involucrados en las actividades subversivas de esa época tomaron el control de una aeronave de la línea Aeropostal y —sobrevolando la capital— se dedicaron a esparcir volantes explicativos y mostrantes de la represión gubernamental. La prensa los llamó “los Aguiluchos” e hicieron que el avión aterrizara en una isla cercana del Caribe, Curazao creo que fue. A partir de entonces —y ahí sí que siguen infinidad de eventos— el secuestro de aviones se volvió una moda hasta culminar en el horror del 11 de septiembre de 2001 cuando indiscutiblemente se les pasó la mano. Nuestra —por venezolana— acción pionera fue, comparada con la de las torres gemelas, un juego de niños. Un juego de niños iniciático pero nada que ver con lo que vino después. Los Aguiluchos fueron encarcelados posteriormente y liberados, sospecho que con la llamada pacificación.

También en la tumultuosa década de los sesenta le hicieron un atentado al presidente Betancourt.  El atentado en sí no era una novedad, pues habían ocurrido otros anteriormente, pero lo que quizás creo que fue original es que fuese preparado y llevado a cabo por un civil, Luis Cabrera Sifontes, y casi me atrevo a asegurar que fue la primera vez que un no militar arma y ejecuta un mecanismo para hacer explotar a distancia una carga destructiva. Esta actividad se popularizó desde entonces y algunos presidentes del mundo han sucumbido ante eventos parecidos. A pesar de la sofisticación que han significado los llamados drones, en un suceso cercano trataron de hacer algo similar pero indiscutiblemente fracasó.

La notoriedad mundial del hecho del rapto del corredor argentino de carros Juan Manuel Fangio lo convirtió en una noticia sensacional. El mundo estuvo atento al acto y sus consecuencias. Quizás fue la primera vez que una figura universal era secuestrada y no por razones económicas, sino políticas. La célula guerrillera que realizó la acción estaba encabezada por un venezolano nacido en Cuba (ya había coincidencias) de nombre artístico Máximo Canales, y de auténtico Paúl del Río, dedicado posteriormente a las artes plásticas y autor por cierto de la horrible manito que sostiene una torre petrolera en los alrededores de la cuasi difunta Pdvsa. Dado lo exitoso del evento y su publicidad por todo el orbe, otros guerrilleros un tiempo después, secuestraron al agregado militar de la Embajada de EEUU, de apellido Smolen, para protestar e impedir el fusilamiento de un vietnamita. El plagio hizo que aplazasen la ejecución, pero una vez que el militar fue liberado, se pegaron al vietnamita sin contemplación.

Ya más avanzadita la etapa llamada de la democracia, un abogado del Congreso de la República, hijo de un dirigente de Acción Democrática y diputado, de apellido Jatar, fue grabado mientras chantajeaba al dueño de la más grande empresa de cerámica de Venezuela, con el pretexto de detener una investigación. El abogado Jatar fue grabado en pleno guiso con un maletín lleno de dólares y huyó del país. Al evento se le llamó el Caso Lamaletto, que era el apellido del dueño de la empresa. Esta ‘grabaderita’ se convirtió después en algo bien común y son múltiples los casos en el mundo donde las virtudes de las cámaras fueron utilizadas para desenmascarar a pillos como Vladimiro Montesinos en Perú y numerosos otros en diferentes latitudes.

Hoy en día es ya noticia de páginas interiores de los diarios, pero si mal no recuerdo, unos años atrás, una pobre empresaria venezolana que había sido engañada con la compra de los imprescindibles dólares en Venezuela, acudió a una trampa tendida por los delincuentes y terminó aserrada y descuartizada, aunque tuvieron la delicadeza de dejarle intacta la cabeza, por lo cual fueron descubiertos los asesinos. Por lo menos notoriamente fue el primer caso del que tuvimos detalles, pues resulta que el asunto se popularizó y de tal manera que sitios tan lejanos como la Embajada del Reino de Arabia Saudita en Turquía fue el recinto escogido para aplicar el mismo método de convertir un cuerpo en pedacitos, el del periodista Jamal Khashogg. Claro que este caso tuvo un elemento novedoso, hacerlo con la víctima viva, lo cual indiscutiblemente le otorga un valor añadido. Y por ahí mientan de otro ‘descuarticidio’ ocurrido a un venezolano en Perú. Sospecho que en un futuro cercano algunas policías políticas del mundo lo incorporaran como materia obligatoria de estudio para sus futuros chacales. El método Putin de usar veneno parece que deja muchas pruebas mientras que este último hace que el picadillo sea más fácil de desaparecer. El mundo avanza gracias a la educación, y la proliferación en los últimos tiempos de este método ha sido veloz.

Quizás se me escapan algunas otras primicias nativas de la venezolanidad. Espero que algún lector acucioso pueda suministrar ejemplos de otras. La creatividad nacional parece que no tiene fin, de hecho la última y más importante de las figuras iniciáticas surgidas en Venezuela ha sido la instauración de un narcoestado, el primero en el mundo.  El ideal, pensado por Escobar y frustrado en su momento, se ha convertido en una imperiosa realidad en el país. Aunque si a ver vamos, quizás Cuba se nos adelantó en esto. Que lo averigüen los curiosos, yo sólo lo insinúo como posibilidad.

 

 


Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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