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Bitácora Internacional VENEZUELA: UN OBJETIVO POLÍTICO, por Alfredo Michelena

Militares rusos en Venezuela
Advertir sobre la línea roja (la Doctrina Monroe) y permitir que los rusos la crucen sin consecuencias mostrará debilidad de la administración Trump.

Con el arribo de una centena de sus militares a Venezuela, Rusia cruzó la línea roja marcada hace un par de siglos por la Doctrina Monroe. No basta que Trump diga que los rusos tienen que salir. Esto supone acciones claras y contundentes de EEUU a riesgo de parecer débil.

La lucha por la vuelta de Venezuela a la democracia se ha venido dando, tanto en lo doméstico como en lo internacional, así como en ambos ámbitos ha habido un cambio cualitativo. En lo doméstico, ahora es la lucha de un gobierno democrático emergente versus uno que usurpa el poder, mientras que en lo internacional se ha alcanzado la dimensión de la lucha geopolítica entre los grandes actores globales.

De la vieja doctrina Monroe a la nueva doctrina Monroe

“América para los americanos” encapsula la Doctrina Monroe elaborada hace ya casi 200 años y entonces recibida con buenos ojos en América Latina, incluso por Bolívar. Venezuela fue una de las beneficiarias de esta doctrina que establecía que las potencias europeas deberían mantenerse fuera de las Américas. Ella se aplicó en el Bloqueo Naval a Venezuela de 1902-1903 por Alemania, Inglaterra e Italia. Además, insistimos que se aplicara para evitar la terrofagia inglesa en el Esequibo, que terminó con el Laudo Arbitral de París (1899).

La doctrina ha sido criticada por representar el talante imperialista estadounidense, en especial luego del corolario Roosevelt. Sobre ella se han montado las diversas invasiones de EEUU en América Latina.  Invasiones que se articulan desde la mitad del siglo pasado con la Guerra Fría y que dejan de suceder con la aparición de las democracias en el continente para fines del siglo pasado. Tanto que el segundo secretario de Estado de la administración Obama, John Kerry, en 2013 declaraba el fin de la Doctrina Monroe.

Pero ella acaba de ser revivida. Y, como en el pasado, Venezuela está involucrada. Esta vez fue el asesor nacional de seguridad del presidente Trump, John Bolton, quien en relación con el ingreso público de unos 100 militares rusos a Venezuela advirtió “…enérgicamente a los actores externos al Hemisferio Occidental contra el despliegue de activos militares en Venezuela o en cualquier otra parte del Hemisferio, con la intención de establecer o expandir las operaciones militares”.

De la II Guerra Mundial a la Guerra Fría

Con el fin de la II Guerra Mundial comienza la Guerra Fría. Una confrontación entre la Unión Soviética (Rusia) y Occidente (EEUU), que ha sido presentada como un enfrentamiento entre el comunismo y el capitalismo. Una lucha por el poder global por actores traspuestos. Guerras diplomáticas y no entre sus ejércitos sino entre ejércitos proxy, es decir, apoyados por cada uno de los lados.

Esto también debió morir con la caída del Muro de Berlín (1989), pero ahora podemos apreciar que también ha resucitado con los mismos actores del pasado y el mismo objetivo: control geopolítico sobre lo que cada imperio considera sus zonas de influencia y su posible expansión en el territorio del otro.

El asunto es que en este juego Estados Unidos y Occidente aprovecharon la caída del Muro de Berlín para reconquistar ese conjunto de países que habían caído bajo el control ruso (la Unión Soviética) y los incorporó a la Unión Europea. Putin llega al poder (1999) con el mito del retorno de Rusia a ser la potencia que era antes.

Luego de constituida la Unión Soviética los rusos habían invadido Hungría (1956), Checoslovaquia (1968), Afganistán (1979) y Chechenia (1994). Con Putin tenemos a Chechenia (1999), Georgia/Osetia del Sur (2008), Ucrania y Crimea (2014). Y ahora están participando directamente en Siria. Lo de Crimea y Ucrania les generó una serie de sanciones de Occidente. Pero es que Rusia considera que esa zona es parte de su área de influencia en la geopolítica global y que ni occidente ni Estados Unidos debe incidir en lo que allí suceda.

Como un reflejo de espejo se puede entender que eso es lo que estaría pasando en Venezuela. Una especie de desquite al intervenir en una zona de influencia que Estados Unidos considera de ellos (Doctrina Monroe).

Así como Rusia descuidó su área de influencia luego de la caída del Muro de Berlín, EEUU descuidó Latinoamérica y, en especial, Venezuela, luego de los sucesos del 11 de septiembre. Y esto fue aprovechado para que, a través de Cuba y con la consolidación del castrochavismo, Rusia, China, Irán y otros gobiernos y fuerzas antinorteamericanas se hallaran en la región y en Venezuela.

A por las riquezas venezolanas

Uno de los argumentos más manidos es que hay un profundo interés de rusos y norteamericanos de apropiarse de las riquezas de Venezuela. Claro, este país está bendito con lo que se puede extraer de su subsuelo. Pero ya por lo pronto el tema del petróleo, el argumento más usado, no sería algo en el interés de los norteños quienes están aumentando su capacidad de autosuficiencia, tanto que se estima que para 2023 será exportador neto. Otros materiales son siempre buscados como oro, diamantes, coltán, níquel y feldespato. En este momento el régimen los está rematando en el proyecto Arco Minero, con una importante participación de Rusia y China. Y no es descartable que EEUU esté interesado en incorporarse e incluso desplazar a los rusos en este reparto.

Tampoco hay que descartar que quieran participar en el proyecto de recuperación de Venezuela, el cual se estima que costaría entre 60.000 y 70.000 millones de dólares que más donaciones podría alcanzar los 100.000 millones.

Pero lo que ha entendido la administración Trump es que más allá de esto, hay una estrategia geopolítica que intenta consolidar un triángulo o ‘troika de la tiranía’ (Venezuela, Nicaragua y Cuba), que en realidad es la génesis de la pérdida de control de EEUU y de Occidente de la Américas como zona de influencia. No es teórico. A estas alturas ya saben lo pernicioso que ha sido la presencia de los Castro en la región.

Así lo ha entendido Estados Unidos y no tanto Europa, que se expresa a través de la Unión Europea, que es una colcha de retazos, Tanto así que el secretario de Estado Mike Pompeo ha señalado que la llegada de esos 100 militares a Venezuela supone una “escalada temeraria” del conflicto. Y que habrá consecuencias, como advirtió Elliot Abrams, responsable especial para Venezuela al hablar de nuevas sanciones a Rusia.

El tema ha tomado un nivel significativo en la geopolítica global ente las dos potencias. El mensaje de Maduro fue: yo me protejo con Rusia y EEUU: si te metes bajo el ala de Rusia ella también recibirá lo suyo.

La línea roja

En Siria, Obama trazó una línea roja con el uso de armas químicas, e intervino. Quizás con esto la administración Trump esté marcando la suya. Pero recordemos que la de Obama fue una reacción tardía, pues en agosto de 2015 los rusos ya habían colocado una pequeña fuerza de combate en apoyo al presidente sirio Bashar al-Assad. Esto le permitió al dictador posicionarse mejor. Le dio a Rusia mayor influencia y lo que es más importante limitó el margen de maniobra de los estadounidenses.

Cuando Trump recibía a Fabiana Rosales, la esposa de Juan Guaidó, dejó claro que Rusia tiene que salirse de Venezuela. Y si esto no sucede “todas las opciones están sobre la mesa”. Por ahora, los rusos contestaron que no lo harían hasta terminar su misión. Y le advirtieron, por boca del asesor de política exterior de Putin, Yuri Ushakov, que “No deberían preocuparse por nuestros despliegues en Venezuela, sino concentrarse en su retiro de Siria”.

Advertir sobre la línea roja (la Doctrina Monroe) y permitir que los rusos la crucen sin consecuencias mostrará debilidad de la administración Trump. Por esto, es de esperar nuevas medidas que escalen el conflicto. Es el perfecto chicken game entre potencias y, al centro, Venezuela. Y en este contexto, si se escala el conflicto, una invasión norteamericana no es nada descartable.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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