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Bitácora Internacional ¿QUIÉN GANÓ EN NACIONES UNIDAS?, por Alfredo Michelena

Consejo de Derechos Humanos
Los resultados de la elección de la Venezuela chavista a un puesto en el Concejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas muestra como hay un progresivo deterioro de su apoyo mundial.

La respuesta más simple y directa, la que salta a la vista, es que el régimen chavista ganó. Y es cierto: sacó más votos que Costa Rica.  Pero…

Este triunfo ha traído una cantidad de críticas, algunas  muy desconsideradas, al presidente (i) Juan Guaidó y a las Naciones Unidas. Las de la ONU se reducen a que moralmente no es posible que haya entrado un connotado violador de derechos humanos, al Consejo de Derechos Humanos; irónicamente muchos de los que hacen de esta crítica también aseguran que los «países no tienen amigos sino intereses». Del lado práctico, hay que recordar que desde el principio esto ha sucedido, con la elección, entre otros, de Cuba, China, Arabia Saudita, y ahora con Mauritania, Libia y Sudán, a la par de Venezuela. Empero, nada de esto ha impedido que el informe de la Alta Comisionada sobre la violación de DDHH en Venezuela haya sido tan contundente.

En todo caso muchas de esas críticas están desprovistas del conocimiento necesario para juzgar el asunto. Asunto que no es física nuclear sino de experiencia en el metier diplomático y en especial en lo multilateral. Las graves son aquellas hechas con saña y dirigidas no a alertar o sugerir, sino a destruir. Y en eso de sugerir debo hacer un paréntesis y decir —como dicen en el juego de dominó— los mirones son de palo. Existen potentados morales y miembros de cenáculos políticos que solo se dedican a decirle a Guaidó y a otros lo que deben y no deben hacer, como si lo que se debe no está restringido por lo que se puede, y lo que uno quiere no se limita con los que los demás desean. Los mirones u opinadores regularmente no están en la candela del día a día, ni están sujetos a las presiones normales de los que están en la política o en el mercado o en juego de fútbol o béisbol. Pero ese es otro tema.

Veamos qué pasó.

Regularmente cuando el número de candidatos puestos en igual al de los puestos disponibles, ellos entran sin problemas. Y así iba el régimen a un triunfo sin dificultades. En eso aparece la candidatura de Costa Rica y rompe dupleta que tenía el Grupo Latinoamericano y del Caribe (Grulac) para estas elecciones. Esta candidatura tardía que aparece al haber comenzado la Asamblea General, donde se eligen los nuevos miembros, implicaba que el trabajo no era solo vender la candidatura sino revertir los compromisos ya hechos. Doble trabajo.

Lamentablemente el Grupo de Lima, que había decidido “no apoyar ninguna candidatura venezolana en mecanismos y organizaciones regionales e internacionales” y resentía la presencia de la Venezuela chavista en el CDH, no tomó una medida más proactiva a tiempo para intentar bloquear su ingreso.

A fin de ganar el ingreso a cualquiera de estos “mecanismos y organizaciones multilaterales, los países intercambian votos con suficiente tiempo para asegurar su victoria. Y eso es lo que ha venido haciendo el régimen durante estos cuatro años que lo separan de su vuelta al Consejo.

A su favor ha tenido al Grupo de No Alineados que ha presidido y cuya última reunión se dio en Caracas recientemente. También la expansión de sus contactos al abrir relaciones diplomáticas con los más de 50 países de África.

Todo iba a pedir de boca hasta que la candidatura de Costa Rica se propuso. Pero este democrático país centroamericano no tiene el alcance del otro candidato —Brasil— ni de la Venezuela chavista. Se ha dicho que tampoco tuvieron tiempo para coordinar con Brasil y otros para avanzar su candidatura. Pero aquí el fallo no es de Costa Rica, es del Grupo de Lima y de la coalición internacional que apoya la vuelta de la democracia a Venezuela que ha debido tomar una decisión más temprana. Así como de la exigua cancillería del gobierno interino de Guaidó que ha debido tomar la batuta a tiempo. El problema es que ella tiende a está avocada a un solo tema: la vuelta de la democracia a Venezuela y —en lo multilateral— su dedicación se ha centrado en la OEA, donde por cierto ha hecho un excelente trabajo. Con embajadores bisoños ad honorem y una cancillería —también ad honorem— que sistemáticamente lleve lo multilateral —más allá de la OEA— esta pelea no era ni es pareja.

Sin embargo, los resultados nos revelan mucho. Veamos. Para empezar la diferencia de votos entre Costa Rica y la Venezuela chavista no llegó a la decena. Un poco más de tiempo y trabajo conjunto hubiera puesto al régimen a sudar o incluso pudiera haber sido derrotado. Esa pequeña diferencia muestra que la correlación de fuerzas mundial está más pareja que antes.

Lo anterior puede ser corroborado cuando comparamos los resultados de esta elección con la anterior. En la actual la Venezuela chavista gana con 50 votos menos y esto es una caída muy importante de apoyo internacional. En especial sabiendo el trabajo que han hecho en el Grupo Noal —que reúne a unos 135 miembros, incluyendo los observadores— y el apoyo de  Cuba. Es la muestra de que la pérdida de apoyo internacional del régimen es significativa.  Es muy probable que si nos organizamos mejor el chavismo no gane nuevas posiciones en Naciones Unidas.


Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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