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Bitácora Internacional LLEGÓ LA HORA CERO, por Alfredo Michelena

No más muertes, no más dictadura
Esos cientos de miles de valientes venezolanos que salen todos los días a la calle, encabezados por sus diputados y líderes, siguen allí en la calle después de casi mes y medio.

En su incapacidad para saber retroceder y luego avanzar, como en aquel famoso libro de Lenin Dos pasos adelante y uno atrás, dedicado a la autocrítica cuando se cometen errores en la conducción del proceso, Maduro decide jugarse su última carta democrática. Chávez que no era marxista —o lo era de resúmenes y manuales—, por formación militar sabía recular para avanzar y lo usaba. Pero la desesperación es mala consejera y Maduro, guiado por los cubanos, huye hacia delante para no perder el poder.

La caída de la popularidad de Maduro es una constante desde que llegó inconstitucionalmente al poder, pero se incrementó a partir de haber “ganado” —según el CNE— las elecciones. Se aceleró después de los sucesos de 2014 y se hundió con la victoria opositora de 2015. Entonces tuvo una oportunidad de oro para salvar al chavismo, reculando para luego avanzar. Tenía la opción de cogobernar con la AN pero la lisió.

Puso todos sus huevos en la cesta petrolera. Creyó que con lograr un acuerdo en la OPEP el precio del oro negro volvería a niveles que le permitirían tener suficientes petrodólares para provocar una ilusión de bienestar, como cuando el Dakazo. Pero fracasó y el precio del barril está por debajo del que tuvo al momento del acuerdo. Se la jugó con el revocatorio y salió bien parado. Logró embaucar hasta al Papa. Creyó que comprando tiempo lograría, para fines de 2017 y 2018 con más petrodólares a repartir y con el favor de doña Tiby y sus acólitas en el CNE, ganar las elecciones. Ilusiones de tísico.

La arruga que corrió se le reventó, no porque el diálogo fracasó, pues ese fracaso había desmovilizado a la oposición, sino porque sus ‘sigüis’ en el TSJ decidieron regalarle el control total de la AN en dos sentencias que le quitaban la inmunidad y el poder al legislativo. Esto prendió las alarmas en el mundo y su patético intento de dar un paso atrás lo hundió más. Entonces, tildado de dictadura, es execrado de Mercosur y le aplican la Carta Democrática en la OEA. No recula y nos saca de la OEA.

La MUD llama a resistencia y a protestas pacíficas y el régimen comienza una brutal represión creyendo que la doblegaría. Pero esos cientos de miles de valientes venezolanos que salen todos los días a la calle, encabezados por sus diputados y líderes, siguen allí en la calle después de casi mes y medio. De nuevo la desesperación los lleva a lanzar la Constituyente Comunal o comunista, pero la gente no la compra y sigue en la calle.

En su huida hacia delante, Maduro y su combo se llevan por el medio todo lo que huela a democracia y a Estado de derecho. Ahora juzgan a los manifestantes en tribunales militares. Han pasado la línea donde era posible un paso atrás, un diálogo. Se están jugando a Rosalinda. Incrementan la represión y con dados trucados quieren aprobar una nueva Constitución, que de imponerse a Venezuela se la lleva el diablo. Esto lo sabe la MUD, por eso no puede cejar en la lucha. Llegó la hora cero. Rosalinda está en juego. Si colapsamos nos impondrán a fondo ese socialismo a la cubana que ha esclavizado a ese pueblo por más de medio siglo. Dios nos de fuerza y nos proteja.

*Pubicado originalmente en la edición electrónica de El Nuevo País.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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