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Bitácora Internacional EL ESEQUIBO Y EL GRUPO DE LIMA, por Alfredo Michelena

Grupo de Lima 1
Si los países latinoamericanos y EEUU no nos apoyan en nuestra legítima reclamación territorial con Guyana, esto ha sido la sola responsabilidad de este régimen. Y lo más grave es que el Esequibo parece ser una pieza en gambito en el ajedrez político por recuperar la libertad y la democracia.

La emoción con la declaración del Grupo de Lima, firmada por Brasil, Argentina, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucia ha sido matizada con la referencia que hace en el punto 9, donde abiertamente estos países aceptan que la zona en donde se acaba de dar el incidente de “una nave de investigación sísmica por parte de la marina venezolana” es “zona económica exclusiva de la República Cooperativa de Guyana”.

Esto es un triunfo para Guyana y seguramente irá a engrosar el dossier de la demanda que los guyaneses tienen ante la Corte Internacional de La Haya en la que argumentan que ese territorio es de ella pues sigue vigente el Laudo Arbitral de París de 1899 y no el Acuerdo de Ginebra de 1966.

Pero ¿cómo llegamos aquí?

Cuando se crea la Capitanía General de Venezuela y luego cuando declaramos la independencia, nuestros límites por el este llegaban hasta el rio Esequibo y el oeste del río era territorio holandés. Por esto el territorio al este de ese rio es venezolano. Los ingleses toman posesión del territorio holandés en 1814 y comienzan a moverse en busca de oro —el famoso Dorado— y penetraban nuestro territorio, lo cual fue protestado incesantemente. Incluso crearon nuevos límites cartográficos (Línea Schomburgk) que fueron oportunamente refutados por Venezuela. Y así mientras nosotros nos desangrábamos en nuestras guerras intestinas ellos avanzaban hasta llegar a las bocas del Orinoco.

Sin embargo, nuestra Cancillería no paró en buscar aliados y logró convencer, luego de más de un par de décadas, a los estadounidenses de que aplicaran la Doctrina Monroe, lo que provocó se diera el Laudo de París (1899). Laudo que según informó póstumamente un abogado norteño que nos representó —a los venezolanos no se nos permitió representarnos— que los ingleses con el ‘juez’ ruso ya habían decidido una línea limítrofe que o la tomaban o llegarían al Orinoco. Y así nos impusieron los nuevos límites. Asunto que en su momento protestamos pero eventualmente firmamos, en plena huida del presidente Andrade cuando venía un nuevo caudillo a tomar el poder. Se trataba de ‘el Cabito’ Cipriano Castro, quien irónicamente es recordado por su frase “la planta insolente del extranjero ha profanado el suelo patrio” cuando barcos de guerra europeos vinieron a cobrar deuda y de nuevo la Doctrina Monroe nos salvó de una catástrofe mayor.

Cuando vuelve la democracia y los ingleses quieren deshacerse de sus colonias, necesitaban la aquiescencia de Venezuela. Entonces se firma el Acuerdo de Ginebra, en el cual se acuerda una solución “práctica y satisfactoria” para ambas partes a través de la negociación. Se escogió el método de los buenos oficios que al final no funcionó.

Pero la llegada de Chávez al poder cambio toda la política de Venezuela hacia Guyana. El comandante ‘eterno’, permitió la penetración de trasnacionales en el Esequibo y asumió la posición guyanesa y cubana en la disputa al referirse a ella como un intento de aprovecharse, bajo los comandos del imperialismo norteamericano, de una nación débil que quería ser independiente y socialista. “Ahora que tanto Venezuela y Guyana son socialistas debemos olvidar el asunto limítrofe”, plantearon los guyaneses y el chavismo callaba. Así como se mantuvo en silencio frente a procesos y decisiones de cortes internacionales donde se desconocían nuestros límites e intereses en la zona (Barbados vs Trinidad y Guyana vs Surinam). Incluso el régimen fue incapaz de enfrentar a tiempo las pretensiones de Guyana de expandir su plataforma continental ante Naciones Unidas. Y, lo que es más grave, buscó aliados a los países del Caricom para su defensa política —y sus aspiraciones de llegar al Consejo de Seguridad— mientras estos cerraban filas con Guyana y descartaban el Acuerdo de Ginebra y reivindicaban el Laudo de París. Tampoco fueron capaces de evitar la decisión del Secretario General de la ONU, que contravenía explícitamente el espíritu y propósito del Acuerdo de Ginebra del cuál él era garante.

Pero lo más grave en esta declaración del Grupo de Lima es creer que esto ha sido un gran logro de Guyana y del Caricom —que lo ha sido— cuando en verdad ha sido un gran fracaso del régimen chavista. El chavismo ni cuando dominaba el patio internacional con petrodólares en la mano y la ‘marea rosada’ tomaba la región, es decir cuando la mayoría de los países de la región eran sus ‘aliados estratégicos’, a diferencia de los del Caricom, nunca, y subrayo nunca logró que estos ‘aliados’ apoyaran las legítimas reclamaciones de Venezuela ante el despojo de Inglaterra ahora reclamado por Guyana. Ni siquiera Cuba con el ‘padre’ Fidel, ni el Brasil del ‘hermano’ Lula o el Ecuador de Correa o la Bolivia de Evo o la Nicaragua de Ortega, por nombrar a algunos. No, no nos sorprendamos ahora.

La última deserción fue la de EEUU. Asunto que se hizo patente con el descubrimiento de petróleo en el mar esequibo. Desde ese momento el gobierno estadounidense que había apoyado una salida negociada, como lo establece el Acuerdo de Ginebra, se alineó con Guyana. No se podía esperar otra cosa no solo por los intereses económicos sino porque la Venezuela chavista convirtió a EEUU en su enemigo a todo trance y en todos los espacios.

Si los países latinoamericanos y EEUU no nos apoyan en nuestra legítima reclamación territorial con Guyana, esto ha sido la sola responsabilidad de este régimen. Y lo que es más grave todo parece indicar que en la recuperación de la libertad y la democracia de la patria el Esequibo es una pieza del ajedrez político que está en jaque por las malas jugadas del régimen. El error de haber permitido el chavismo saldrá más caro de lo que nos hemos podido imaginar.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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