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Barcelona-PSG EL FÚTBOL COMO METÁFORA DE LA VIDA, por René Solla

Barcelona FC y Paris Saint Germain
Albert Camus: “Tras muchos años en los que el mundo me ha brindado innumerables espectáculos, lo que finalmente sé con mayor certeza respecto a la moral y a las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”.

Especial para Ideas de Babel. Lo realizado por el FC Barcelona el miércoles 8 de marzo, al derrotar al Paris Saint Germain, ha configurado la mejor hazaña de un club de fútbol en competiciones europeas y fue una gesta deportiva que eclipsó cualquier titular deportivo durante la semana pasada.

Todo parecía indicar que el Barsa quedaría eliminado tras sucumbir, el pasado 14 de febrero, en el Parque de los Príncipes de París por 4 a 0, con una actuación descollante por parte del cuadro parisino del alemán Julian Draxler y de los sudamericanos Ángel Di María y Edinson Cavani.

El cuadro que entrena el vasco Unai Emery tenía una renta más que suficiente para pasar a cuartos de final sin sobresaltos ya que el cuadro culé debía hacerle, al menos, 4 goles, para forzar la prórroga y mantener su puerta a cero, algo que parecía bastante improbable dada la gran calidad de los delanteros del PSG.

Sin embargo, en el partido de vuelta jugado en un abarrotado Camp Nou (96.290 espectadores), el equipo parisino se atrincheró en su portería desde el principio del cotejo, en una clara muestra de que el miedo escénico le había paralizado. El primer gol del cuadro azulgrana llegó pronto (minuto 3), obra del depredador del área, el charrúa Luis Suárez, y a partir de allí el Barsa fue llevado en volandas por una afición que creía en la remontada a pesar de su dificultad.

El cuadro de Luis Enrique no jugó bien durante la primera parte, pero al filo del descanso logró el 2 a 0, merced al autogol del francés Layvin Kursawa (minuto 40). En ese instante, cualquier aficionado que haya presenciado las hazañas de este Barsa glorioso que gestó Josep ‘Pep’ Guardiola pensaba que remontarían y más, cuando en el inicio del segundo tiempo, el árbitro alemán Deniz Aytekin pitó penalti a favor del cuadro local, que transformó Lio Messi (minuto 50).

No obstante, y cuando se las prometía felices el cuadro de la ciudad condal, vino el temido gol del PSG, obra de Edinson Cavani (minuto 62), quien cazó un asistencia dentro del área para empalmar el balón con el exterior de su botín derecho y obligar a los catalanes a hacer 3 goles en media hora.

El partido siguió discurriendo, con el Paris Saint Germain ya sin las amarras que le colocó al inicio el conservador planteamiento de Emery y Ter Stegen salvó un mano a mano contra Cavani y otro ante Di María, quien solo ante el meta alemán mandó el balón al cielo de la majestuosa ciudad de Barcelona, en una jugada que luego causó polémica ya que el central Mascherano reconoció que había tocado lo justo al ‘Fideo’ para desequilibrarlo y que no convirtiera el 3 a 2 que hubiera sido lapidario.

El partido agonizaba, pero en ese momento apareció la figura descollante de un auténtico elegido como es Neymar quien, ante un Messi en horas bajas, tomó la batuta del cuadro azulgrana. En el minuto 88 acarició el balón en una falta a unos 30 metros de la valla del francés Trapp que puso en el ángulo superior izquierdo. Luego, tuvo la personalidad suficiente para pararse en el punto fatídico y transformar, con un toque sutil del interior de su pie derecho, un penalti inexistente que el teutón Ayketín pitó a Suárez (90) y luego, ya a la desesperada, en el minuto 95, enganchó desde el lado derecho del campo y colocó un medido centro al área que remató a la red el canterano Sergi Roberto para delirio de los aficionados culés, que se frotaron los ojos ante la hazaña, que era lo único que le faltaba lograr a este equipo de época.

No en vano, un sismómetro del Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera (ICTJA-CSIC), ubicado a unos 500 metros del Camp Nou, captó una minúscula señal sísmica equivalente a una magnitud aproximada de 1 (imperceptible para las personas) en la escala de Richter, en cada una de las celebraciones de los tantos del combinado local.

Esa es la magia del fútbol y que lo hace ser el deporte más popular del mundo y, en mi criterio, el más hermoso, ya que en él se presentan muchas metáforas de lo que es la vida, lo cual lo hace verdaderamente especial. Esto señaló el escritor y periodista argentino Martín Caparrós en una columna publicada en The New York Times, tras el partido: “En una noche como la de hoy la pregunta de por qué el fútbol sobra: fue por esto. Por partidos como este. Por este guion imposible, escrito por un guionista torpe que no se priva de usar recursos increíbles; pero que suceden de verdad, en la verdad de esa ficción magnífica. O sea que, de una vez por todas: si alguna vez me olvido y vuelvo a preguntar por qué el fútbol, por favor grítenme: es por partidos como este”.

Asimismo, como dijera el famoso escritor argelino Albert Camus, quien como arquero y a veces centro delantero llegó a ser la estrella del club amateur Racing Universitario de Argel, pero desafortunadamente, una tuberculosis, que lo atacó apenas a los 17 años, lo alejó de su sueño de convertirse en futbolista profesional:

“Tras muchos años en los que el mundo me ha brindado innumerables espectáculos, lo que finalmente sé con mayor certeza respecto a la moral y a las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”, para después añadir: “Pronto aprendí que el balón nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga. Eso me sirvió mucho en la vida”.

Por eso, para los que amamos el fútbol, el pasado miércoles 8 de marzo fue un día memorable, más allá de los colores que cada uno defienda, porque un equipo que ha dejado innumerables páginas para la historia, consiguió lo que nunca antes se había logrado, gracias a la fe de sus jugadores y a la comunión con su afición. Esto sin contar con la gran colaboración de su técnico Luis Enrique quien fue valiente en la persecución de esta gesta, ya que salió con solo tres defensas, sin laterales, en busca de la remontada y en la semana previa al cotejo tuvo una de las mayores contribuciones a la machada cuando declaró, en una rueda de prensa, que no seguiría al mando de su equipo la próxima temporada, logrando no condicionar su futuro al resultado del partido de vuelta, mandando un mensaje a sus jugadores, casi más o menos “me voy porque quiero, no porque me echa el PSG”, conduciendo a la liberación y descomprensión de sus pupilos.

Por el contrario, el técnico del PSG, Unai Emery, quien atesora 3 Europa League con el Sevilla, fue víctima de su planteamiento rácano y esta derrota le perseguirá toda la vida. Casi con total seguridad no seguirá al mando del equipo parisino la próxima temporada debido a este esperpento de estrategia, porque no se reprocha que haya quedado eliminado con un resultado tan favorable en la ida, sino de la forma en que lo hizo, con un equipo asustadizo, cuyos jugadores estuvieron casi colgados del travesaño durante casi una hora.

Siguiendo las enseñanzas del Nobel de Literatura de 1957, Albert Camus, este partido nos mostró que en la vida hay que ser valientes, ya que, en palabras de William Shakespeare: “Los cobardes mueren muchas veces antes de su verdadera muerte; los valientes prueban la muerte sólo una vez”.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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