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Algunas precisiones LAS MATEMÁTICAS, LOS QUEBRADOS, LOS AVOS Y EL CERO, por Antonio Llerandi

La Matemática como ciencia es única y por lo tanto singular, así como hablamos de la Química o la Física, aunque todas estas ciencias tengan diversas ramas en su riquísimo contenido.

En mi vida anterior, es decir, en Venezuela, ejercí la docencia en la universidad por más de treinta años, precisamente en Matemática. Por esta razón, que me permite aseverar que tengo algunos conocimientos elementales de la materia, me voy a atrever a hacer este circunloquio.

Es de común uso, en cuanto a esta disciplina acontece, que la mayoría de los mortales se refieren a ella como ‘las matemáticas’, lo cual sería correcto únicamente en el caso de que, por ejemplo, nos estemos refiriendo a las cuatro materias consecutivas de Matemática que se cursan en Ingeniería: Matemática I, II, III y IV, que además tiende a representarse su orden con los llamados números romanos, cuyo uso se ha visto restringido desde hace tiempo solo para indicar orden, sobre todo en los relojes y en los siglos, y pare usted de contar.

Pero el asunto es el siguiente, la Matemática como ciencia es única y por lo tanto singular, así como hablamos de la Química o la Física, aunque todas estas ciencias tengan diversas ramas en su riquísimo contenido. El origen de este desliz se debe quizás a que en sus orígenes algún avezado escribiente las llamó las Matemáticas porque se suponía que englobaba a otras llamadas Ciencias en épocas lejanas como la Geometría, el Álgebra o la Aritmética, etcétera. Pero en el orden científico mundial desde hace muchísimos años, está absolutamente claro que la Geometría, el Álgebra o la Aritmética y muchas otras (cada vez más) son sólo partes de una ciencia única: la Matemática.  De ahí que de ahora en adelante espero que algún lector tenga a bien, cuando lo vea escrito, quitarle la ‘esecita’ final, por aquello  del orden y lo que debe ser.

Sin embargo, hay acciones mucho más radicales al respecto, como por ejemplo la que sucedió hace poco tiempo, en que el malhadado Ministerio Bolivariano de la Ineducación Venezolana, decidió, de un solo guamazo, no digo yo quitarle la esecita a la Matemática, sino acabar con ella y de paso con la Química y la Física también, eliminando a las llamadas ‘Tres Marías’ de los dolores de cabeza de los futuros bachi…,  iba a escribir ‘burros’ bolivarianos, es decir, sustituir las ‘Tres Marías’ por las ‘Tres b’, pero me parece una falta de respeto con esos pobres animales que por lo menos trabajan y mucho.

Sabemos que buena parte de la humanidad tiende a poseer una cierta fobia, rechazo o, en el mejor de los casos, indiferencia acerca de los estudios matemáticos (y aquí sí podemos usar la esecita), aunque cada vez más el desarrollo de esa propia humanidad se sustente en, precisamente, el conocimiento matemático (aquí sin esecita) como base y utensilio fundamental de otras ciencias.

Sin embargo, aquí no estamos hablando de desarrolladas teorías matemáticas (con esecita) sino de conocimientos que por ser elementales los deberían manejar personas con cierto criterio. Me refiero por ejemplo —y este es el origen de esta disquisición— a que recibí uno de esos modernos wasap, donde se argumentaba muy seriamente algunos aspectos pero —¡oh horror!— mencionaban, refiriéndose a las fracciones como ‘quebrados’. Indiscutiblemente que la persona que lo redactó había sido ‘quebrada’ —como llamamos el suspenso en Venezuela— en Matemática, pues para eso es que se debe usar el término quebrar. Algunas monjas españolas que se quedaron rezagadas en la América pos colonial quizás arrastraron esa deformación proveniente de algunas expresiones de siglos bien pasados y se las fueron inculcando a maestras poco informadas que después torturaron a unos pobres niños con sus ancestrales aberraciones.

Pero hay otro problemita mucho más proliferado aún en los conocimientos matemáticos y es el mal uso del ‘avo’.  Estamos mal acostumbrados a oírlo incluso en boca de presidentes y magistrados, aunque, vamos a estar claros, muchos de ellos no se caracterizan por tener una educación decente y, a veces sí, por no tener ninguna.

La partícula avo significa parte. Por ejemplo, si tomamos una fracción donde del lado de arribita está un 8 y debajo de la rayita un 11, lo leeremos —correctamente— ocho onceavos, que significa, en buen cristiano, que si dividimos una unidad (sea torta, pizza o cualquier cosa divisible) en 11 partes y tomamos 8 de esas partes, estamos hablando de ‘ocho onceavos’.  Algo muy diferente —y errado— es cuando alguien dice que va al piso ‘onceavo’, expliquémonos.

Los números, esos que empiezan por 1,2,3… y no se acaban nunca, gracias a la llamada estructura decimal, sirven para dos cosas, para sacar cuentecitas y entonces se los llama cardinales y los llamamos uno, dos, tres e infinitos etcéteras. Pero los numeritos famosos también sirven para indicar orden, en ese caso se les llama ordinales y escribiéndolos correctamente se le coloca una pelótica en la parte superior derecha asi: 1º, 2º, 3º, y de nuevo infinitos etcéteras. El inglés resolvió el asunto colocándole ‘th’ después del número que es como ponerle una z’ final, salvo si termina en 1 que le ponen ‘st’, segundo ‘nd’ y, tercero ‘rd’.  Eso los leemos: ‘primero’, ‘segundo’, ‘tercero’… ‘décimo’, ‘décimoprimero o undécimo’, ‘décimosegundo o duodécimo’ y no con el rabo del ‘avo’ que la gente le coloca, sobre todo aquellos que no llegaron ni siquiera al ‘sextoavo’ grado.

Y por último tratemos un gran problema y su posible solución. El cero, esa pelotica ovaladita ‘0’, parecida al hueco de una cerradura que no significa nada o mejor dicho ‘el vacío’. Pero que es fundamental para nuestro sistema numérico. Aunque hay pruebas de que la civilización maya lo utilizaba, como no tenían correo ni internet y mucho menos libros, no lo publicitaron y fueron después los otros indios, los del otro lado, los de la India, quienes lo descubrieron también y los promulgaron posteriormente a través de los árabes y los europeos. Esto aconteció hace sólo unos 1.000 (se lee mil) años. Hoy en día el cero es el representante del conjunto vacío —el que no tiene elementos— quizás porque en sus orígenes se le llamó shunya —o algo parecido— que en la India significa vacío.

Aún recuerdo que, hace unos años, un amigo ingeniero comenzó a dar clases de Ingeniería en la Unefa (Universidad Nacional Experimental de las Fuerzas Armadas) pues estaba pelando y no cebollas. Me comentó en ese momento que un día le dijo al puño de soldaditos que tenía por alumnos que le escribieran la cifra ‘un millón once mil once’ y para su sorpresa y caída de mandíbula le pusieron: 1.11.11.  ¡Qué vaina más buena! Una verdadera revolución científica, quitaron los ceros, pues efectivamente si es cero no sirve para nada.

Y como conclusión a tanta disertación científica, propongo al Ilustre Desgobierno de la Desaparecida República de Venezuela que lo tome como ejemplo a seguir, que por Gaceta Oficial se elimine el cero en el país. ¿Se imaginan? La inflación ya no sería de 7.000.000 %, sino de 7% y el dólar ya no costaría Bs 80.000 sino Bs. 8, y comenzaría una verdadera reconstrucción económica para los bolivarianas y las bolivarianos que queden vivos.

 

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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