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Alacranes MEMORIA DE UN PAÍS MARCADO POR LA ETERNA AGONÍA, por Rodolfo Izaguirre

Rodolfo Izaguirre
Izaguirre: “La casa podría ser en la novela una metáfora del país”.

Estas son las palabras que pronunció Rodolfo Izaguirre en la presentación de su novela Alacranes, reeditada por Bruguera en 2017, en la librería Kalathos el 12 de mayo de 2018.

Esta breve anécdota que voy a referir la he contado muchas veces, pero tiene que ver con lo que expresaré más adelante. Se creó una  comisión integrada por Adriano González León, Salvador Garmendia  y Rodolfo Izaguirre para participarle al pintor Ramiro Najúl que los marcianos ¡venían a invadirnos! ¿Que puede haber aquí que le interese a esa gente? preguntó Najúl. Tenemos petróleo y bellas mujeres, pero no creo que eso les interese. Ellos no manejan petróleo y sus mujeres son verdes y tienen antenas. No sabemos, Ramiro, dijo Adriano. Sabemos que vienen a invadirnos!, dijo Salvador y yo agregué: ¡Y vienen esta tarde, Najúl! Parecíamos los Tres Chiflados o aquellos personajes de las películas argentinas de los años cuarenta que se repartían el parlamento. “Y vienen esta tarde, Najul!, dijo Adriano. Es un hecho fatal, inexorable, dijo Salvador. No hay vuelta atrás, Najul, dije yo. Ya avisaron que vienen!

Entonces, Najúl se nos quedó mirando y dijo: ¡Bueno, qué vengan, pues! ¡Eso sí… sin echonerías!

No es echonería mía si les digo que cuando escribí Alacranes pensé en Flaubert. “Lo que me parece hermoso, lo que yo quisiera hacer”, decía Flaubert, “es un libro sobre nada, un libro sin atadura externa, que se sostuviera por sí mismo, por la fuerza interna de su estilo como el polvo que se mantiene en el aire sin que lo sostengan, un libro que casi no tuviera asunto, o al menos que el asunto fuera casi invisible, si esto pudiera ser. Las obras mas bellas”, decía Flaubert, “son las que tienen menos materia”.

¡En Alacranes practicamente nada ocurre! Por eso la alusión a Flaubert. ¡Y, repito, no es por echonería! Es que lo único que ocurre, la única acción que se observa en esta breve novela es que una mujer llamada Edelmira, furiosa, manda a todo el mundo al carajo y en medio del gran silencio que se hace de pronto en la casa, ajusta la tranca de hierro detrás de la puerta del corral, cierra primero con doble llave el entreportón, tira el portón, se va para la hacienda de Trujillo y no vuelve nunca más a pisar unos cuartos enfermos. ¡Esto es lo único que ocurre!

Pero, ¿qué puede hacer un portón atrancado contra tanto suspiro y tanto alacrán moviéndose en el patio? Porque el eco del portonazo y el “¡váyanse todos al carajo!” al retumbar en la casa, comienza a remover sombras y susurros y rezos agazapados en los cuartos del fondo o escondidos dentro de los baúles. Surge la viva presencia de una casa muerta con techos y cielorasos llenos de alacranes. Está el viejo abuelo y sus tristes recuerdos gomecistas y está Evaristo, el nieto que tortura a los presos políticos medinistas en el restaurante y cabaret Trocadero, cerca de mi casa en la Esquina de La Cochera, en los primeros tiempos de Acción Democrática, a la caída de Isaías Medina Angarita, para significar que en la conducta política venezolana no hay mucha diferencia autoritaria entre una dictadura y una democracia o entre personeros civiles y militares. Está Engracia, una vieja loca arrimada a la casa de la tiránica hermana. Está Magdalena, la niña que murió arrebatada por el tifus y creía que cada país tenía su propia luna. Está María Mariños conocida como el Vapor Manzanares. Leticia que una noche se murió de susto junto a la batea y están las ratas del embaulado de la quebrada de Caroata.

Yo nací en 1931 y viví mi infancia en un vieja casa de la parroquia San Juan. Entonces, Caracas contaba con doscientas mil almas. ¡Hoy, Caracas cuenta con algo mas de seis millones de habitantes, pero la mayoría hemos perdido el alma! Aquella casa tenía muchos cuartos; algunos, oscuros y desocupados y techos de cieloraso y cañabrava en los que pululaban los alacranes. La casa podría ser en la novela una metáfora del país y el que quiera puede ver sus pugnacidades políticas proyectadas en las relaciones entre el abuelo y el nieto.

Mas que acción, lo que da cuerpo a la novela es la atmósfera por la que, sienciosos, se mueven sus personajes con la característica de que también ellos llevan consigo, por dentro, alacranes que les devoran el alma. Lo que podría interesar es el lenguaje y la preocupación por ajustarlo a una época. Hilando fino, esa casa y esos alacranes pueden ser la memoria de un país marcado por la eterna agonía gomecista.

Sí quisiera no podría ausentarme de la realidad porque soy yo mismo la realidad que me rodea. Desearía que fuese otra, menos oprobiosa, menos bolivariana, menos mediocre, pero es la que padezco y trato de transformarla o mejorarla cada vez que me asomo afuera de la burbuja que me ampara y constato que es poco lo que puedo hacer, solitario y sin armas y solo me queda el coraje de saber que hay compatriotas abnegados que combaten enérgicamente por mí; que en mi lugar practican desobediencia civil y se enfrentan a un régimen militar fascista, despiadado, cruel y rico en drogas, trampas y mentiras.

He llegado a pensar, en algún pasajero momento de flaqueza, de incertidumbre que el nuestro es un país perdido, pero al verlos a todos ustedes aquí, congregados para escuchar la brillante presentación que ha hecho Alberto Márquez de una novela sobre una vieja casa llena de alacranes, editada por Brugera, entiendo que es la mejor demostración de que continuamos con la mirada puesta en el horizonte sabiendo que, al hacerlo, nos estamos convirtiendo cada uno de nosotros en la Rosa de los Vientos!

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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