El ciudadano ilustre / PUEBLO CHICO, INFIERNO GRANDE, por Alfonso Molina

Con un implacable humor negro, Cohn y Duprat hilvanan una historia que subraya los aspectos más grotescos de la naturaleza humana, los mismos que convierten la realidad en algo patético.

El sábado 13 de junio, a las 11:30 am, hora de Caracas, tendremos un Cine Encuentro virtual muy especial con El ciudadano ilustre, la magnífica película argentina de Gastón Duprat y Mariano Cohn que hace cuatro años ganó el Goya como mejor película iberoamericana. Trasnocho Cultural e Ideas de Babel hemos organizado una conversación digital con Alberto Barrera Tyszka desde México, Trino Márquez desde Caracas, Alfonso Molina desde Bogotá y con ustedes desde donde quiera se encuentren. Sólo tienen que ver la película en Netflix (en América Latina, EEUU y Europa) y luego ingresar a www.trasnochocultural,com para comprar la entrada al foro que se llevará acabo en la plataforma de Zoom. Eso sí: háganlo con tiempo y no esperen a la última hora.

El éxito, a veces, es un pecado y el reconocimiento, a menudo, se convierte en condena. Algunos lo llaman el precio de la fama, pero en realidad se trata de una patologí­a extremadamente reveladora de la naturaleza humana y de las sociedades donde se desempeñan los individuos. Este es el concepto principal de El ciudadano ilustre, el film de Gastón Duprat y Mariano Cohn, los mismos realizadores de aquella desconcertante comedia negra El hombre de al lado (2009) que expuso una psicopatía urbana sumergida en las aguas del absurdo.

El ciudadano ilustre al que alude el título del film se llama Daniel Mantovani, maduro escritor argentino de renombre que vive en Barcelona. Un narrador solitario de temperamento rebelde, no muy optimista con respecto al mundo que vivimos, quien ganó el Nobel de Literatura. Desde ese momento comienza a recibir las invitaciones más diversas de todo el mundo, que rechaza sin pensar. No le gusta la fama. Además está en crisis creativa. Pero cinco años después del premio recibe una carta que le llama la atención: la de las autoridades de Salas, su pequeño pueblo natal en la provincia de Buenos Aires, que lo quieren nombrar hijo ilustre. Mantovani se fue de allí 40 años atrás y nunca regresó. Dice que lo único importante que ha hecho en su vida ha sido escapar de ese miserable pueblo, aunque es una exageración pues su obra se fundamenta en ese pueblo olvidado. Pero el escritor cree que esa es la oportunidad de superar un bloqueo narrativo y decide aceptar. Y­ comienza el infierno para un creador exitoso.

El film se estructura en cinco capítulos. El primero expone el desconcertante discurso de Mantovani ante la academia del Nobel en Estocolmo que deja estupefactos a los reyes suecos y los asistentes de todo el mundo. Con esta escena el guionista Andrés Duprat y los directores definen la personalidad de su personaje central: irreverente, desesperanzado, con temor al fin de su carrera. Sin esposa ni hijos, en una lujosa mansión que lo aísla del mundo.

Después vienen los otros cuatro capítulos que describen las desventuras de Mantovani en Salas, recibido con la máxima distinción del pueblo y objeto fútil de los homenajes del alcalde peronista, los bomberos, la reina de belleza, la televisión local, la Sociedad de Fomento y otras ‘fuerzas vivas’ del pueblo. No pasa mucho antes de que algunas de esas fuerzas se rebelen contra la celebridad.

En Salas encuentra un pasado que ha alimentado toda su obra. Allí se encuentran personajes que conoció en su juventud, en especial su viejo amor Irene y su antiguo amigo Antonio, quien se casó con Irene después que Mantovani ‘escapo’ de Salas. Es una historia de viejas rencillas y también de nuevas polémicas alimentadas por la inteligencia limitada, la supervivencia mediocre, la envidia del éxito, entre otros factores.

Con un implacable humor negro, Cohn y Duprat hilvanan una historia que subraya los aspectos más grotescos de la naturaleza humana, los mismos que convierten la realidad en algo patético. En este caso hacen una disección quirúrgica del abominable espí­ritu de la envidia provinciana de los latinoamericanos. No sabemos respetar el éxito ajeno, y menos cuando alguien evidencia con sus triunfos la dimensión de nuestros fracasos y algo peor: nuestras propias mediocridades. Si no es fácil alcanzar el éxito, los recelos y la envidia comienzan a ejercer su influencia para hacerlo más difícil. Y, además, evidencian la intolerancia.

Mantovani no es un tipo simpático pero es honesto, no quiere ser una estrella. Tiene mucha vanidad que corre como una culpa. Los directores juegan a la contraposición entre un hombre atormentado por sus propias creaciones o por un período de sequía literaria, por un lado, y las vidas mediocres de quienes no pudieron —o no quisieron— oponerse a los convencionalismos ni a los miedos íntimos o las ambiciones frustradas, por el otro.

Las labores del elenco son superlativas, tanto del excelente Oscar Martínez —mejor actor en el Festival de Venecia hace cuatro años— que da vida a Mantovani, como las de Dady Brieva, Andrea Frigerio y Manuel Vicente, todos en sintonía con el tono del film marcado por la ironía y el desencanto.

Más allá de su anécdota, a todas luces muy interesante, El ciudadano ilustre propone una indagación sobre la ficción y la realidad a partir de la experiencia de un escritor laureado que puede ser de América Latina y de cualquier parte del mundo. Como dijo Luis Buñuel, la inteligencia no es posible sin memoria. Mantovani recuerda su pasado y encuentra un motivo para escribir. Es un creador de ficciones que revela la realidad. O la realidad empuja sus ficciones.

El ciudadano ilustre es una obra que divierte con su humor pero que también preocupa con su visión pesimista de la vida. La dupla de Cohn y Duprat trabaja a conciencia de las limitaciones y las bajezas de los seres humanos, aunque a ratos brinda momentos de esperanza. Bueno, así son las cosas, como decía Oscar Yanes.

EL CIUDADANO ILUSTRE, Argentina y España, 2016. Dirección y fotografí­a: Mariano Cohn y Gastón Duprat. Guion: Andrés DupratProducción: Fernando Sokolowicz, Victoria Aizenstat, Eduardo Escudero. Montaje: Jerónimo Carranza. Música: Toni M. Mir. Elenco: Oscar Martí­nez, Dady Brieva, Andrea Frigerio, Nora Navas, Manuel Vicente, entre otros. En Netflix.

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