Redes sociales / EL IMPERIO DE LA MENTIRA, por Antonio Llerandi

Pero ahora no, ahora, todo se puede, y lo que es peor, sin consecuencia, y estamos en manos de unos delincuentes de las redes.

ESPECIAL PARA IDEAS DE BABEL. De un tiempo a esta parte, el protagonismo mundial lo tienen unos mecanismos que —por aquello de las simplificaciones— les han dado por llamarlo las redes sociales.

Han sido instrumentos creados aparentemente para incrementar la comunicación de los seres humanos, la comunicación virtual, aquella que se hace a través de aparaticos, fundamentalmente computadoras de escritorio o de bolsillo, llamadas incorrectamente teléfonos, por seguir una tradición, a pesar de que el uso telefónico es quizás el menor de ellos.

Anteriormente la comunicación entre los seres humanos se hacía cara a cara, viéndonos el rostro, tocándonos, sintiéndonos, como el que se hace —cada vez menos—en cafés, cervecerías, bares, y que ahora —por culpa del bichito penetrante— se ha hecho casi que inexistente. Nos agradaba la proximidad, sabíamos, porque nos funcionaba la intuición, quién nos mentía y quién no. Porque nuestros cuerpos, y fundamentalmente nuestros rostros, también hablan, además de las palabras. Eso que los entendidos han llamado la comunicación no verbal, y que es, conjuntamente con la verbal, la esencia de cómo los seres humanos nos interrelacionamos.

Podemos haber encontrado a decenas de personas que nos dijeron que nos amaban, pero sólo se lo creímos a dos o tres, y no únicamente por sus acciones, sino por ese conocimiento, profundamente humano —y poco estudiado— que llamamos intuición, algo que me dice que fulanito sí es y que menganita no. Nadie nos ha educado al respecto, pero había estado funcionando —mal que bien— en toda la historia de la humanidad. ¿Se acuerdan del amor a primera vista?

Pero todo cambió. Ahora, casi siempre, el aparatico está de por medio, incluso para mostrar mi cuerpecito que está de lo más bueno, mis pechugas operadas, o  mi penesote que está apetitoso. Todo se muestra por las redes. Unos inventores españoles crearon unos mecanismos —vaginas y penes— electrónicos, interrelacionados a través de las redes, donde una pareja puede hacer el amor (¿?) a distancia, pues los órganos sexuales artificiales están tan pero tan conectados que tu pipicito o tu totonita sienten el orgasmo del otro. Avance tecnólogico lo llaman, y lo tienen patentado. Además, ese mecanismo evita la transmisión de enfermedades sexuales. Imposible más perfecto. Y lo llaman interrelación.

Pero volvamos a las redes. A través de ellas —como con el aparatico sexual— las gentes creen que se relacionan. Y las usan para toda vaina. Sobre todo para mandar mensajes, twiteres, facebookes, whatsapperes y cuanta forma posible y patentable se invente, para mandarle una estupidez que se me ocurrió a sopotocientos mil recipientes.  Como mecanismo está chévere, pero resulta que según estadísticas confiables, más de 90% de los mensajes que se mandan o que se rebotan son mentiras, pura y simples mentiras, manipulación de la mejor estirpe.

Antes, cuando nos enterábamos de las cosas, fundamentalmente a través de los llamados medios de comunicación, como prensa, radio y televisión, existía —más o menos— un cierto control. Porque resulta que si tal periódiquito, por más amarillista que fuera —así llaman a los que viven del escándalo— tenía sus límites. Si uno de esos pasquines se ponía a inventar vaínas mías, que si yo me había acostado con 14 tipas, y no tenía pruebas, pues yo acudía —donde los hay— a los tribunales y los demandaba por difamación. Y si yo tenía razón —y sobre todo buenos abogados— le ganaba la partida y me tenían que resarcir.

Pero ahora no, ahora, todo se puede, y lo que es peor, sin consecuencia, y estamos en manos de unos delincuentes de las redes. Porque a quién coño demanda Obama si andan regando que Michelle es un transfor, y que Obama está casado con un hombre. Y un cojonal de personas lo retuitean sin haberle visto el pene a Michelle. Y no pasa nada. Y el morbo funciona, es uno de los ingredientes más proliferado, desgraciadamente. Y unos por joder, otros por estúpidos —e incluso algunos transfor por sentirse apoyados e ilusionarse de llegar a primera dama— van y lo rebotan.

Nadie piensa para qué usan eso, porque lamentablemente si tú vives pendiente del telefonito y la computadora, que son bien inteligentes, pues no te da mucho tiempo de pensar y ellos lo  hacen  por ti. Y entonces ¿qué sucede? Que vivimos en un tsunami de mentiras que nos ahogan, nos abarcan, y una inmensa mayoría de pendejos las rebotan. Otra cosa sucedería si cometemos el error de remandar una de esas falacias. Me llegara una multa, una sanción, una prisión, y obligatoriamente tendría que ir a un tribunal a pagar unas cuotas y firmar un documento y jurar, que no, que la señora Michelle Obama, es una mujer con todas las de ley y los ovarios bien puestos. Pero no, eso, lamentablemente no existe. Pareciera que no hay manera de frenar la mentira.

Porque incluso, cuando Facebook intentó ponerle un parao al presidente de EEUU, se armó un berenjenal, por aquello de la libertad de expresión y demás, y sencillamente todo se convierte en una estadística más, de las que lleva The Washington Post, acerca de los embustes del catire. Seguiremos atragantados en las mentiras cada vez más, lamentablemente.

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