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Bitácora Internacional VENEZUELA: ¿CUL DE SAC?, por Alfredo Michelena

Desolación
La división en la oposición viene dada por los diferentes diagnósticos y sus consecuentes estrategias para dar al traste con el pranato que nos gobierna. Después de los avances y retrocesos de casi 20 años de lucha, hay mucha confusión y desesperanza, tanto que la migración se ha hecho la alternativa de millones.

No creo que exista dentro de la oposición alguien que no acepte que el modelo económico y político impuesto por el chavismo es la causa de la crisis que vivimos. Pero en esto hay grados. Por ejemplo hay quienes rechazan totalmente el modelo, mientras que otros lo rechazan parcialmente. Unos promueven el libre mercado y otros promueven la intervención del Estado en la economía. Este es el grupo mayoritario, aunque varía en cuanto grado de esa intervención. Aplican aquella trillada frase de “tanto como sea necesario, tan poco como sea posible”.  En cuanto a que estamos en dictadura también hay matices, pues para algunos todavía hay espacio para maniobrar y para otros no lo hay.

Este análisis simplista nos lleva a un abanico de posibilidades de estrategias para salir del pranato que nos gobierna. Y me permito detenerme aquí, pues el régimen no es un gobierno; ni siquiera una dictadura cualquiera. Llegaron para quedarse en el poder con aquello de ‘Patria socialista o muerte’. Y están dispuestos a asumir una posición numantina y que todos se mueran de hambre, bueno, todos menos ellos, antes que entregar el poder. Lo que le da una resiliencia mayor que las dictaduras militares que conocimos. Además, tienen inmensos recursos para robar y comprar apoyos nacionales e internacionales. Casi no necesitan de los millones de venezolanos para subsistir. Con vender petróleo y otras materias primas como oro y diamantes o cobrar peaje al narcotráfico, el pranato en el poder tiene como mantenerse. Cuba, sin nada de esto, pero con un aparato represivo muy afinado, lo ha logrado y en eso también el régimen ha avanzado.

Para los que creen que todavía hay espacios de poder disponibles en esta dictadura y piensan que pueden seguir creciendo —guerra de posiciones— sigue planteada la salida electoral. Los que creen que no hay, o que hay pocos espacios pero se pueden abrir, proponen la presión de calle para obtener las posibilidades electorales. Para estos dos grupos las negociaciones con el régimen son una opción que está sobre la mesa y ambos promueven la presión internacional que debilite al régimen y facilite la salida electoral negociada.

Hay otros que no ven espacios ni posibilidades en la dictadura por lo que hay que salir del régimen primero para ir a unas elecciones justas y transparentes. Entre estos hay quienes argumentan que la salida es una movilización popular que cimbre al régimen y que los haga salir (11 de abril) o facilite un golpe militar. El golpe militar tiene su fanaticada y como se sabe es algo que se está procurando, como reveló el The New York Times. Luego vienen los que promueven una intervención internacional. Algunos la llaman ‘intervención humanitaria’, pues la justificación sería que Venezuela es un Estado fallido donde no se respetan los derechos humanos. Hay quienes tratan de mostrarles a los otros gobiernos que la existencia y actuación de la Venezuela chavista pone en peligro a sus países y frente a la debilidad del pueblo venezolano deben actuar militarmente.

No sé si se me quedó alguna en el tintero, pero esto muestra la profunda división en la oposición. División que no es entre vendidos y puros, que los hay, sino de formas de analizar la situación y proponer salidas.

Cada una tiene sus pros y sus contras. Puedo nombrar algunas contras que he escuchado: ya intentamos la vía electoral y logramos poco o nada, posición que ganamos, posición que vaciaban de poder. Negociaciones, también las intentamos  y poco o nada logramos. La calle, allí no avanzamos mucho y ahora la gente no se quiere movilizar; la movilización masiva, lo del 11 de abril no funcionó. Golpe de Estado, amén de que los militares están infiltrados, preparar un golpe no es un trabajo simple y rápido. ¿Cuánto tiempo le costó a Chávez? Y fracasó. Presión internacional, hasta ahora no se ha logrado algún cambio doméstico significativo y hay divisiones en la comunidad internacional. Invasión militar humanitaria o no, los latinoamericanos no quieren y EEUU no se decide a poner los muertos por una lucha que nosotros no hemos podido articular.

Esto parece un callejón sin salida, un cul de sac. Hay mucha confusión y desesperanza por los pocos avances y los fracasos de casi 20 años de lucha, tanta que la migración se ha hecho la alternativa de millones. Por esto no critico a nadie y no asumo lo peor de todo el mundo ni me uno al discurso de antipolítica ni a las descalificaciones. Que cada quien haga lo que pueda desde donde pueda: escriba, hable, convenza, pero sobre todo organícese, movilícese y exija unidad y siempre opte por quienes desarrollen una estrategia dirigida a debilitar los puntos de sustentación del régimen.

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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