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Paz afuera y guerra adentro FRANCISCO PIMENTEL, por Antonio Mendoza Wolske

Francisco Pimentel
Tres veces encarcelado y sometido a brutales torturas, Pimentel nunca perdió ni su coraje civil ni su fenomenal sentido del humor, y aún menos su vena lírica: sus obras maestras nacieron en la cárcel.

Ponencia que será presentada por el autor para el convenio anual de la Asociación Internacional de Críticos Literarios, que tendrá lugar en Roman (Moldavia) del 21 al 23 de septiembre.

1. Gómez

Cuando estalló la primera guerra mundial, ambos contendientes quisieron el máximo apoyo internacional posible. En ese sentido, los embajadores de Francia y Alemania se dirigieron al general Juan Vicente Gómez, entonces presidente de Venezuela, para pedirle que participe en el conflicto. Con una extraña falta de delicadeza, ambos embajadores fueron convocados el mismo día en el mismo lugar, y tuvieron que sentarse cara a cara en la misma sala de espera. Para hacer más incómodo y desagradable la situación, Gómez —famoso por su puntualidad— les hizo esperar tres cuartos de hora. A su llegada saludó con esta frase: “lo siento, estaba en la iglesia rezando para que Venezuela sea libre para siempre de las desgracias de la guerra”. Dijo todo.

¿Quién era el hombre capaz de inventar una escena tan extraña y tan efectiva? Hay que volver a 1899, cuando un grupo de montañeses de los andes invadieron la capital, Caracas. Al no haber un ejército profesional capaz de combatirlos, el presidente Ignacio Andrade tuvo que huir y dejar el puesto al líder de los rebeldes, Cipriano Castro. El ‘Cabito’ gobernó con puño de hierro Venezuela, comenzó el proceso de modernización del país y defendió la soberanía nacional a espada cuando los ingleses, en una de sus aventuras coloniales, bombardearon Puerto Cabello. Junto a él, su compadre Gómez, Vicepresidente de la República, siempre callado y manso. Hasta que en 1908 la actividad sexual desenfrenada del Cabito terminó en el quirófano, y luego en traslado urgente a Nueva York. Allí llegó un telegrama del compadre advirtiendo al enfermo de no volver… y comenzó la dictadura por excelencia del venezolano: Gómez. El ‘Benemérito’ para sus ensalzadores, el ‘Bagre’ (pez famoso por alimentarse de estiércol) para sus enemigos.

Personaje desconcertante y lleno de contradicciones, Gómez marcó en el mal y en el bien la historia de la Venezuela moderna. Sobre él la leyenda y la verdad se confunden y a menudo las verdades son aún más sorprendentes que las leyendas. Se dice que apenas podía firmar y también se dice que se hacía leer en voz alta Los miserables y lloraba oyendo las desgracias de la pobre Cosette. Nunca durmió con una mujer, y tuvo, al menos, hijos. Al no haber pruebas de ADN, tenía un cuaderno como recordatorio, donde escribía los detalles mínimos de cada pareja y el coito, y luego comprobar la información facilitada por su descendencia. Quien fuera promovido, recibía una pensión de estado; los que fueran rechazados iban directamente a La Rotunda, equivalente criollo de La Bastilla. Violento, hizo de la cárcel y de la tortura el pan diario de la oposición; su lema ‘Unión, paz y trabajo’ fue comentado como ‘Unión en las prisiones, paz en los cementerios y trabajo forzado en las autopistas’. Los intelectuales venezolanos se dividieron en dos bandos: la ‘intelectualidad corrompida’ que lo adulaba, y los opositores que fueron sistemáticamente reprimidos y castigados. Este doble de Stalin (hay quien dijo que Jozif era el producto de un supuesto coito de Gómez con Anna Pavlova en el hotel Majestic) en sentido físico y político, este injerto de Pedro el Grande con Giulio Andreotti y Enver Hoxa, este campesino apasionado de la fuerza aérea, que evitó la guerra en el extranjero y desencadenó una guerra interna que sólo se detuvo a través de la muerte, fue una presencia inevitable en la vida de cada venezolano en las tres primeras décadas del siglo XX, y por supuesto en la vida de Francisco Pimentel.

2. Pimentel

Francisco Pimentel nació en caracas el 1889. Su familia, aunque no rica, vino de la antigua aristocracia colonial y, como característica de la ‘gente decente’ de entonces, tenía un gran amor por la cultura y un inmenso respeto por los valores morales y civiles. Después de comenzar la carrera de Derecho, interrumpió los estudios y se dedicó al periodismo, colaborando con El Nuevo Diario desde 1913 y luego con El Universal y con la revista El Cojo Ilustrado, pilar fundamental de la moderna cultura venezolana. Con su amigo Leoncio Martínez ‘Leo’ fundó en 1923 Fantoches, primero revista y luego periódico, que se convierte en la satírica arma de denuncia contra la dictadura gomecista. La respuesta no tarda: La Rotunda. Tres veces encarcelado y sometido a brutales torturas, Pimentel nunca perdió ni su coraje civil ni su fenomenal sentido del humor, y aún menos su vena lírica: sus obras maestras nacieron en la cárcel. Cuando el 17 de diciembre de 1935 finalmente muere el Bagre (hay quien dice que post-mortem, como sucedió años después con otro dictador venezolano), el nuevo presidente Eleazar López Contreras comenzó un proceso de liberalización y democratización. Pimentel es  nombrado cónsul en Valencia, España. Pero su salud, por sí misma delicada y deshilachada durante años de tortura y hostigamiento, no le permitió disfrutar durante mucho tiempo de las libertades de la libertad. Muere en caracas el 12 de agosto de 1942 a los 52 años, nueve de ellos en la cárcel.

3. Job Pim

Francisco Pimentel publicó pocos libros vivos, pero su trabajo periodístico fue enorme y, afortunadamente, se recogió cuidadosamente en la edición póstuma de su obra, tratada por su hermana Cecilia. Humorista y tenaz combatiente, su ‘nombre de pluma’ fue Job Pim. Alias nacido de la autocompasión, pues el fruto del Jobo (spondes mombin) tenía el mismo color amarillento y pálido de su demacrado rostro, y Job (Job, en español) el profeta enfrentó sufrimientos comparables a las de nuestro artista. El Jobo Pimentel se convierte en Job Pim, y sus versos se conviertieron en verdaderas crónicas periodísticas, en el simpático comentario poético y crítico de los acontecimientos del día. Con la misma fluidez comentó los acontecimientos bélicos de la Gran Guerra (uno de los pocos venezolanos a cargo) como contaba los argumentos de las obras líricas en cartelera. Nunca vulgar, nunca bruto, siempre amable y  brillante sin pedantería y popular sin complacencias, su pluma castigadora subrayaba con el rotulador rojo de su benévola ironía las rarezas de las ‘trivialidades’ y de las ‘no trivialidades’ del diario vivir. Citemos los dos versos finales de su comentario de la Tosca de Puccini, y tenemos en cuenta que Pim era un gran apasionado de la lírica:

Por tanto, mueren Angelotti, Mario, Scarpia y Tosca, Y si el drama continúa, no queda una mosca.

4. Humor, medios de comunicación y compromiso social

Este fenómeno del humor leído y comprometido, y al mismo tiempo aceptado y amado por el pueblo, es una característica de la gran literatura venezolana. En el siglo XX, junto a nuestro Pimentel, tuvimos a Aquiles Nazoa, Andrés Eloy Blanco, Leoncio Martínez, Arturo Uslar Pietri, Pedro León Zapata y muchos otros. Todos utilizaron los medios de comunicación disponibles para la difusión masiva, y todos llegaron a tener una gran popularidad sin caer en la demagogia complaciente ni en el populachero rufián. Hoy esta brillante tradición continúa a través de excelentes cerebros en el exilio como Jaime Ballestas (Otrova Gomas) y Rubén Monasterios. ¡Castigar riendo!

5. Graves y agudos

La inmensa y merecida popularidad de la obra humorística de Job Pim ha oscurecido la parte ‘seria’ de la obra de Francisco Pimentel. El título de uno de sus libros, Graves y agudos, expresa esta dicotomía: agudos como los agudos del sonido y como lo punzante del humor, y  graves como los sonidos bajos y los pensamientos solemnes y profundos. Para hacer comprender los niveles a los que nuestro gran poeta llegó, presento La bordadora.

Las circunstancias: en más de una ocasión todos los varones de la familia Pimentel estaban en la cárcel por razones políticas; y las hembras, en un período en el que el trabajo femenino era escaso y generalmente considerado humillante, tenían que hacer las modista y las bordadoras para poder llevar el pan a la mesa.

El poema está fechado en La Rotunda 1920. No digo más.

6. La Bordadora

A mi hermano Luis Rafael

Al umbral de su aposento y en la misma mecedora
que ocupara tantas noches sin dormir, hora tras hora,
en espera
del muchacho calavera despegado del hogar,
debe estar mi madre ahora
trabajando con sus manos, con sus manos de señora
que no saben trabajar;
con sus manos que eran lirios
y que más de cinco lustros de domésticos martirios
no lograron mancillar.

Estará bordando ahora los adornos de algún traje
guarnecido de albo encaje,
como aquellos que ella misma ostentó en su juventud:
Hoy no cuadran a sus ropas los encajes ni la seda,
y otro lujo no le queda
que la clámide impoluta de su prístina virtud.
Borda, y surcan su memoria los recuerdos de otra era
de placer y primavera,
cuando fueron sus encantos maravilla,
y en el grupo descollaba de las bellas de la villa.

Y después los malos tiempos, crueles horas de amargura,
la visión del padre enfermo, militar y sin ventura,
que en campañas y prisiones
agotó sus pocos bienes de fortuna y sus pulmones…

Y el esposo que también a libre aspira
y también es perseguido por sufrir esa mentira;
y hoy los frutos de su vientre y su pasión,
los tres hijos que con mimos maternales educara,
y que ahora son los ojos de su cara,
como el padre y el esposo también gimen en prisión.

No hay espina de la ruta que sus carnes no taladre:
heredera de las penas de las tres generaciones,
sufre hija, esposa, y madre
y en un mismo pecho sangran tres distintos corazones.

Borda en tela que es más blanca que las rosas del jardín,
y a medida que la aguja traza pétalos de flores,
va bordando la memoria su tejido de dolores,
y sus ojos empañados por el llanto miran como
de sombrío tinte plomo
la blancura deslumbrante de la tela de satín.

A hurtadillas seca el llanto, que pudiera ver su cuita
mi hermanita
la mayor,
delicada señorita
que es su encanto
y una ayuda en su labor.
Que hasta ayer sólo aplicara la eficacia de su mano
blanca, breve, primorosa,
a cortar alguna rosa
o a dorar las tardes grises con la música del piano.

Ya conoce el nuevo oficio:
borda al lado de la madre largas horas, en perjuicio
de conciertos armoniosos que hoy fatigas son más bien:
por el pan de sus hermanos ha ofrendado en sacrificio
las Sonatas de Beethoven, los Nocturnos de Chopín.

Con afán borda mi madre y la lumbre vespertina
a compás que el sol declina,
baña el patio en un fantástico arrebol;
pero a ella, qué le importa, si lo bello no la alegra,
si sus húmedas pupilas han de ver la tarde negra,
que en su alma dolorida ya se puso ha tiempo el sol…

Deja, madre, tu bordado, que ya el sol apenas arde,
no fatigues tus pupilas, que ya es tarde,
y te faltan muchos días de trabajo y de llorar;
pero no te desesperes,
y aunque sufras agonías, aunque sientas que te mueres,
tén confianza, que la cumbre ya se empieza a vislumbrar;
y si has hecho tres viacrucis, triple cuesta de amargura,
cuando llegue el magno día será triple tu ventura,
triple el premio a tu valor,
porque, sangre de tu sangre noble y fuerte,
son tus hijos de una raza que no ceja ante la muerte,
que es más brava que el tormento, que es más dura que el dolor.

No fatigues tus pupilas, porque yo las necesito
más ahora que en los tiempos en que estaba pequeñito;
y esta noche, si el insomnio de tu almohada no se va,
yo sabré aliviar tu pena,
y a despecho de mi cárcel, y a pesar de mi cadena,
volaré junto a tu cama, para hacer tus cuitas mías,
y decirte canturreando, como antaño tú lo hacías:
“Duerme, duérmete, Mamá…”

La Rotunda, 1920.

7. Cursos y recursos, diría Vico

En 1920 la rotunda, en 2018 el helicoide. En 1935, el gomecismo. Hoy cambia los nombres, no los hechos. Dedico este texto a Juan Requesens y a todos los torturados, muertos y víctimas de las tiranías, empezando por mí.

Collescipoli, 19.8.2018. aniversario de la muerte de Federico García Lorca

Sobre Alfonso Molina

Venezolano, periodista, publicista y crítico de cine. Fundador de Ideas de Babel. Miembro de Liderazgo y Visión. Ha publicado "2002, el año que vivimos en las calles". Conversaciones con Carlos Ortega (Editorial Libros Marcados, 2013), "Salvador de la Plaza" (Biblioteca Biográfica Venezolana de El Nacional y Bancaribe, 2011), "Cine, democracia y melodrama: el país de Román Chalbaud" (Planeta, 2001) y 'Memoria personal del largometraje venezolano' en "Panorama histórico del cine en Venezuela" (Fundación Cinemateca Nacional, 1998), de varios autores.

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